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Burócratas empleitados

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

El Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado, (Stase por sus siglas) realizó la asamblea para la designación de su dirigente, en la cual acabó imponiéndose por un nuevo periodo de dos años más, la reelección de su actual líder, Armando Heráldez.

El proceso selectivo no concluyó precisamente en los mejores términos, al enfrentarse el bando del exsecretario general del Stase, Gabriel Ballardo, que es opositor al del recién ungido, cuando aquel intentó exponer sus argumentos en contra del proceso y que finalmente, no pudo conseguir.

Lo que empezó con un duelo verbal, degeneró en un zipizape entre simpatizantes de una y otra fracción sindical que llegó a las manos, entre jaloneos e insultos mutuos.

En ese sentido se tiene que decir que la civilidad y la prudencia no son ingredientes que distinguen la convivencia de los diferentes grupos que se mueven hacia el interior del Stase y que seguramente, con ganas de especular, tienen que ver más con las ambiciones de poder y el manejo de los cuantiosos recursos que contabiliza el sindicato que aglutina a la mayoría de los burócratas del gobierno de Sinaloa.

El espectáculo grotesco que exhibieron los sindicalizados por la disputa del control de la organización, muestra el tamaño de los intereses que están en juego y que no son, habría que decirlo con meridiana claridad, la defensa de sus representados.

Una vez concluida la asamblea en la que se impuso el control del reelecto Armando Heráldez, este tuvo que salir por la puerta de atrás, ante lo caldeado de los ánimos que amenazaban con desbordarse hacia más violencia.

Y mientras Heráldez salía prácticamente huyendo del recinto, el grupo inconforme con su reelección, emprendió una marcha hacia las instalaciones de Palacio Gobierno, donde volvieron a dar el espectáculo, quemando playeras que durante la asamblea regaló su contrincante.