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Opinión

Cabida

SAPIENZA
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Por: Emmanuel

El papa Francisco ha tomado posturas que contrastan mucho con las de cualquier antecesor suyo. Pero hay que analizar bien todo lo que dice porque podemos estar ante algo revolucionario –revolucionario al menos para la Iglesia Católica— pero que se opone a la base escritural. Ha dicho que él no es quién para juzgar a un homosexual, y que la Iglesia está abierta para todos, lo cual incluye a todo tipo de pecador. Toda Iglesia, sin importar denominación, está llena de pecadores, pero Dios sabe de nuestras luchas porque se acuerda que somos polvo. Sin embargo, una cosa es pecar, y otra muy distinta practicar el pecado. Pablo escribió a los corintios diciendo que no se juntaran con alguien que, (ojo), diciéndose hermano, practicaba el pecado. Vemos por otra parte, que Jesucristo tuvo siempre compasión por los pecadores, pero vez tras vez, después de sanar a alguien o de perdonar, por ejemplo, a la mujer sorprendida en adulterio, su orden fue: "Vete y no peques más". Esa es la pequeña gran diferencia. "Vete y no peques más". Porque una cosa es mentir intempestivamente debido a que es difícil desarraigar viejas costumbres, y otra es mentir vez tras vez para lograr los objetivos. Difícilmente alguien cae en pecado si antes no lo piensa, así sea brevemente. El desliz con la secretaria sucede porque se albergó en la mente, y la alteración en el pago de impuestos no fue algo que no se pensara con antelación. Así las cosas, si la Iglesia va a dar cabida a todos, hay que darles el mensaje completo. Tiene que haber arrepentimiento y el intento por quitar las viejas prácticas pecaminosas. El apóstol Pedro dijo que se arrepintieran para que llegaran tiempos de refrigerio. Vez tras vez el arrepentimiento es un requisito para el perdón del pecado. De poco le sirve a un ladrón, a un homosexual, a un idólatra, o a un adúltero ir a la iglesia si no hay cambio en su vida. Después de todo, por abiertas que estén las puertas de la iglesia, las puertas del cielo sólo se abrirán con verdadero arrepentimiento y redención. No se trata de tener mucha gente en la iglesia, sino de tener gente que realmente quiera cambiar. Por eso, todo quien diga ser siervo del Dios verdadero debe no sólo dar palabras que endulcen el oído, sino dar el mensaje completo que cambie y sane el cuerpo, las emociones y el espíritu. Por amarga que sea la medicina.