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Opinión

¡Calumniar y difamar, deportes de Obrador!

Por: Ricardo Alemán

Andrés Manuel López Obrador. Foto Reforma

Andrés Manuel López Obrador. Foto Reforma

No, contra lo que muchos suponen, el juego de pelota —el beisbol—, no es el deporte favorito del presidente Obrador.

No, la historia confirma que a lo largo de tres décadas de activismo político —de lo que él mismo llama, líder social—, los deportes favoritos de López Obrador han sido la calumnia, la difamación y la mentira. ¿Lo dudan?

En Tabasco, cuando Obrador pretendió ser gobernador, recurrió a la difamación, la calumnia y la mentira no solo en campaña sino luego de la derrota. Ahí empezó la historia de los supuestos fraudes electorales; engaño utilizado por AMLO para iniciar los llamados éxodos que lo llevaron a la atención nacional.

Luego, en la plaza pública —el 3 de junio de 1996, en Misantla, Veracruz—, el aspirante a la dirigencia del PRD inventó una supuesta conspiración contra el entonces presidente Zedillo y en abierta traición a Heberto Castillo y a Cuauhtémoc Cárdenas, estableció una alianza con el entonces “presidente ilegítimo”, Ernesto Zedillo, al que hoy acusa de negocios turbios con empresas privadas.

La alianza tenía dos objetivos: conseguir que Zedillo apoyara la llegada de AMLO a la dirigencia nacional del PRD y que, rumbo a las presidenciales del año 2000, el propio presidente impulsara la candidatura de AMLO a la jefatura de gobierno del DF.

Un año después, gracias a la reforma electoral de Zedillo, el fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, era jefe de Gobierno del DF y se perfilaba como aspirante presidencial para el año 2000, mientras que Obrador era jefe del PRD y aspirante al Gobierno del DF, en las mismas elecciones del milenio.

Obrador se impuso a sí mismo como aspirante a jefe de Gobierno del DF pero topó con un pequeño problema, no cumplía con el requisito de la residencia en la capital del país.

Entonces acudió con su aliado, el presidente Zedillo, quien quitó los obstáculos del camino. El presidente ordenó torcer la ley y, con ello, candidato al gobierno del DF a Obrador. Era un candidato ilegal cuestionado por no pocos perredistas, entre otros Pablo Gómez, hoy un manso cordero ante el tirano.

Se puede decir que Zedillo fue el padrino político de AMLO en las grandes ligas. ¿Y cómo le pagó AMLO 20 años después? Obrador acusó a su padrino político de traficar influencias con empresas privadas y fusiló políticamente a no pocos de los “hombres de Zedillo”.

Ya como jefe de Gobierno del DF, la calumnia, la difamación y la mentira fueron la principal herramienta política de Obrador.

Basta recordar “la marcha blanca”, la mayor movilización social contra la violencia y el mal gobierno de AMLO y la respuesta del jefe de Gobierno. Dijo que era “una marcha fifí”, a pesar de que igual que hoy, la capital del país era el reino del secuestro y la violencia.

Desde el año 2000 y hasta 2018, la difamación, la calumnia y la mentira fueron el discurso de AMLO.

En todo ese tiempo llamó ilegítimos a los presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto; al primero lo insultó en todos los tonos y, sobre todo, con el “¡cállate chachalaca!”.

Con Calderón, el tabasqueño fue especialmente violento. No solo acusó de fraude —que nadie probó—, en 2006, sino que mediante sus sicarios de la política le endilgó a Calderón toda clase de insultos, calumnias, difamaciones y mentiras. Nunca probó nada.

En 2012 la historia se repitió y Obrador sostuvo que Peña Nieto había llegado al poder mediante un fraude que tampoco existió. Luego, en la gestión de Peña desplegó toda una campaña de calumnias, difamación y mentiras que estuvo a la vista de todos. Eso lo convirtió en presidente.

Hoy, todos los días, muy temprano el presidente Obrador sale de cacería y, fusil en mano, practica su deporte favorito: dispara calumnias, difamaciones y mentiras, sea contra los medios, los empresarios, los políticos, los partidos opositores —PAN y PRD—; contra los expresidentes, contra exservidores públicos, contra las guarderías y dispara a locas y tontas contra todo lo que, según él, tenga olor a neoliberalismo.

¿Quién se salva “del loco de la escopeta”, como le dicen periodistas de las mañaneras? De la calumnia, la difamación y la mentira no se salva ni Dios Padre.

Al tiempo.

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