Opinión

Cambiemos ¡ya!

DIVAGACIONES DE LA MANZANA
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Por: Martha Chapa

Nuestro mundo, a pesar de los avances logrados en múltiples campos a lo largo de su evolución, ha sido incapaz de librarse de las convulsiones violentas y los afanes bélicos a estas alturas del siglo XXI.

De nueva cuenta se confrontan Estados Unidos y Rusia, así sea a través de los ejércitos de otros países. Esto ocurre tras unos cuantos años de la relativa y aparente paz instaurada después del fin de la llamada Guerra Fría, que marcó toda una época entre el término de la Segunda Guerra Mundial y el derrumbe de la Unión Soviética.

Pero la "tregua" terminó y ahora se reavivan los enconos, por lo que lamentablemente tenemos ya muchos frentes de guerra, localizados sobre todo en Asia, donde comprobamos la cruenta lucha que se escenifica en Ucrania entre los integristas apoyados por Estados Unidos y los separatistas que cuentan con el respaldo de Rusia, conflicto impulsado con enorme vehemencia por el presidente Vladimir Putin.

El escenario se repite lo mismo en la Franja de Gaza entre israelíes y palestinos, que en Irak o Siria, con el componente musulmán y sus grupos armados, además de su carga de fanatismo religioso que acentúa los odios y las crueldades.

Lo cierto es que no existen los contrapesos necesarios en el concierto internacional, pues, por ejemplo, si bien Europa en el discurso se ha opuesto a los excesos y provocaciones del autócrata ruso, vacila aún en poner los remedios y aplicar las presiones capaces de replegar su poder. Será por eso que Putin desprecia a la comunidad europea y se burla de ella.

Y ahí está China, que parece mantenerse en una aparente neutralidad de conveniencias políticas y económicas, pues a ratos se inclina hacia los intereses de Oriente, mientras en otros momentos favorece a Occidente.

Por tanto, la contienda entre Estados Unidos y Rusia sube peligrosamente de tono, más aún con la ampliación y recrudecimiento de los frentes de guerra, que sólo a momentos parecen detenerse para dar paso a una paz frágil y coyuntural.

Y, una vez más, en el plano de la reflexión, surge el debate sobre si la naturaleza humana está marcada irremediablemente por la violencia o si es capaz de evolucionar para llegar a un estadio donde se logren instaurar la armonía y la solidaridad entre todos los pueblos del planeta para avanzar hacia fines superiores y elevados valores humanos.

En cualquier caso, es imprescindible actuar más y mejor para evitar tan absurdos y costosos afanes bélicos, pues está más que demostrado que acarrean miseria, dolor y retrocesos. Es urgente alentar, entonces, la participación decidida de los organismos internacionales y de todas las naciones del orbe, sin excepción, para detener tan desafortunada oleada guerrera. Porque, de seguir así las cosas, podríamos llegar a una trágica e indeseada tercera guerra mundial, con funestas consecuencias para la Tierra, pues los daños que acarrearía un enfrentamiento de esas dimensiones serían prácticamente irreversibles, al grado que podrían implicar el fin de nuestra civilización. Y eso, de verdad, ¡no puede ni debe ocurrir!

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