Opinión

Que no quede huella

EL ASALTO A LA RAZÓN

Por  Carlos Marín

Cuando es todavía un bochornoso enigma el proyecto integral de parches y zurcidos a la base militar aérea de Santa Lucía y con dos órdenes judiciales de suspensión de las obras en tanto no se garantice la preservación del ambiente y el patrimonio histórico, arqueológico y paleontológico de la zona, se anuncia que lo hecho del abortado aeropuerto en Texcoco (la tercera parte de una puerta de entrada de calidad mundial acorde a la potencia turística de México) va a quedar sumergido bajo agua.

Nada justifica esta ocurrencia, sobre todo ante la inviabilidad aérea, técnica y ecológica que implica civilizar la base militar de Santa Lucía, determinada por las autoridades nacionales e internacionales mejor calificadas en la materia.

Se intenta borrar todo vestigio de la mayor equivocación del nuevo régimen que dejó sin empleo a 45 mil trabajadores, pero que además implica la pérdida patrimonial intencional de dinero más grave de la historia y amerita, por lo tanto, múltiples sanciones administrativas y penales.La idea es hacer un “parque ecológico” en el terreno salitroso en que operó la empresa Sosa Texcoco, donde había más de 600 pozos de agua podrida.

Para la obra que concibieron los arquitectos Fernando Romero y Norman Foster se limpiaron cientos de miles de toneladas de restos del terremoto de 1985 que envenenaban el aire.Los ocho ríos de que se habla y que todos los años provocaban inundaciones en Nezahualcóyotl, Iztapalapa y Ecatepec no desaparecieron: con una inversión superior a 20 mil millones de pesos, la Comisión Nacional del Agua estaba realizando las obras que los canalizarían al Dren General Del Valle y a la planta de tratamiento de Atotonilco; construiría cinco cuerpos de agua con capacidad de almacenamiento tres veces superior al existente; 143 kilómetros de colectores; 22 plantas de tratamiento; desazolve y rehabilitación del lago Nabor Carrillo; desazolve del Dren General Del Valle; revestimiento de Dren de Chimalhuacán; construcción del Canal Colector de los ríos de oriente a las lagunas y embovedamiento del pestilente río de Los Remedios y del túnel del Dren General Del Valle. Todo con proyecto ejecutivo y respaldo presupuestal.

En suma: lo que se construía era un proyecto profesional, planeado de acuerdo con las normas técnicas y ambientales más avanzadas. El agua de lluvia se iba a recuperar para utilizarla en el propio aeropuerto, y lo que se captara en las lagunas se reinyectaría al subsuelo para preservar los descuidados mantos acuíferos de la región.

El memorable proyecto cancelado del NAIM, además de resolver las necesidades aeroportuarias de la capital y convertirse en referente clave del Continente Americano, era también un “parque ecológico”, pero infinitamente superior a lo que ahora se quiere hacer.