Opinión

Otro paso hacia la degradación

EL ASALTO A LA RAZÓN

Por  Carlos Marín

Rosario Piedra sepultará en vida a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Si ser ignorante fuera condición para presidir la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la bancada de Morena en el Senado bien pudo prescindir de una de sus integrantes que cumple cabalmente el requisito y endosarla para que fuera seleccionada. No habría tenido que recurrir a la tramposa imposición de Rosario Piedra Ibarra quien, aunque sin duda cumple con tal formalidad, tiene además el defecto de conducirse con bochornosa y patética indignidad.

Es Martha Guerrero Sánchez, senadora originalmente suplente de la derrotada ex candidata al gobierno del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez (premiada con la superdelegación en aquella entidad). Habilitada secretaria de la Mesa Directiva, fue la marrullera escrutadora que, con lamentable dominio de la prestidigitación, desapareció el voto número nueve del aspirante José de Jesús Orozco Henríquez a la vista de la cámara de video que grabó su burdo engaño.

Desparpajada, esta inexplicable legisladora declaró ayer: “Yo sí les pido a los medios que verdaderamente jueguen ese papel de pluralidad y objetividad, y no solamente un papel inclinado hacia con quien están bien y con quien algunas veces hasta dinero les dan. Sean plurales, por favor, sean objetivos”.

Como si tuviera nociones elementales de pluralidad y no se comportara con descaro de manera aviesamente sectaria, se revela ignorante de la verificable pluralidad de los medios y se atreve, además, a sugerirles que se comporten con “objetividad” porque desconoce que la subjetividad es consustancial al oficio periodístico. De pasadita, destila la insidia de que “hasta dinero les dan” pero, consciente quizá de lo que habla, no se atreve a sustentar su dicho con datos precisos, concisos y macizos.

Por lo que se refiere a la sucia consumación del asalto a la CNDH, queda claro que el compromiso asumido por el coordinador Ricardo Monreal, en el sentido de que se realizaría una nueva votación, se maquinó como vulgar coartada y sirviera de señuelo, a sabiendas de que sus correligionarios actuarían en pandilla para precipitar la toma de protesta de la ungida quien, casualmente, llegó con séquito de invitados para lo que sabía con antelación: la oficialización de su hueso en una institución de cuyas funciones tiene una equivocada, contraproducente y deficiente idea.

Rosario Piedra Ibarra desparrama ineptitud para ejercer el cargo: supone que la CNDH tiene facultades propias de fiscalías y procuradurías; que se ocupa nada más de las desapariciones forzadas y, a pregunta expresa sobre si continuarán las investigaciones de crímenes contra informadores (en lo que va de la 4T ya van 13 victimados), contrapreguntó a su vez: “¿Han asesinado a periodistas?”.

De preocupación extrema, por lo mismo, que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijera: “Estoy muy satisfecho de lo que se resolvió en el Senado, de darle el nombramiento a Rosario Piedra Ibarra…”.

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