Opinión

PIB: 2 % o 4 % es lo de menos; urge 6 % para bajar la desigualdad social

INDICADOR POLÍTICO

Por  Carlos Ramírez

El debate en torno a si la economía va a crecer 2 % o 4 % es, en realidad, insustancial. El punto más importante radica en dos realidades:

1.- La tasa promedio de PIB de 2 % en el largo periodo de 1983-2019 sólo pudo atender las necesidades formales de un tercio de la población, dejando dos tercios anuales acumulando rezagos y desigualdades durante 36 años.

2.- La economía mexicana necesita crecer a 6 % promedio anual para responder a las necesidades de aproximadamente un millón de jóvenes que se incorpora por primera vez cada año a la economía formal.

El estancamiento en 2 % del PIB durante 36 años hizo acumular desigualdades sociales, de entre las cuales aquí se ha insistido en tres:

1.- El 80 % de los mexicanos vive con una a cinco carencias sociales, en tanto que sólo el 20 % vive sin ninguna necesidad insatisfecha.

2.- El 70 % de los mexicanos se reparte el 49 % del ingreso nacional, en tanto que el 20 % de los más ricos se queda con el 51% de ese ingreso.

3.- El 60 % de la población laboral se encuentra en la informalidad, es decir, sin garantías salariales ni prestaciones sociales.

Ante estas evidencias, una tasa de 4 % sólo atendería a dos tercios de los mexicanos, dejando un tercio acumulando insatisfacciones y resentimientos. La meta del gobierno de López Obrador ha sido justamente la de 4 % promedio anual. Sin embargo, dos años --como los que se perfilan en 2019-2020-- con tasas de 2 % llevaría a que el promedio sexenal de 3.3 %; para llegar al prometido 4 % promedio anual, entonces el PIB en el periodo 2021-2024 tendría que ser de 5 %.

Como la economía es un juego de pesos y contrapesos, la estructura productiva actual mexicana sólo permite tasas de 2.5 % anual máximo, porque tasas arriba de 3 % implicarían presiones inflacionarias por los cuellos de botella productivos y la inflexibilidad del mercado. Para crecer arriba de 3 % promedio anual consistentemente se requeriría de una gran reforma productiva mucho mayor a la de Salinas, Zedillo y Peña Nieto, con una mayor liberación del mercado y mucho menores restricciones del Estado.

Ahí precisamente se localiza el gran debate pendiente: no fijar de manera arbitraria tasas de crecimiento del PIB, sino mediar su viabilidad en función de tres variables: la presión inflacionaria, las metas de reducción de desigualdad y la desregulación estatal.

El problema de la política económica --hasta ahora-- del gobierno de López Obrador radica en la ausencia de un marco teórico y en la falta de un nuevo pensamiento antiinflacionario diferente al neoliberal vigente. Por eso ha tenido que mantener la estabilidad macroeconómica --nombre pomposo al eje ideológico del neoliberalismo: el enfoque inflacionario por el lado de la demanda-- al estilo FMI: bajar el PIB, disminuir el poder adquisitivo de los salarios y recortar el gasto corriente.

A la política económica de López Obrador le está ocurriendo lo mismo que le pasó a la del modelo de desarrollo compartido de Luis Echeverría: aumentar el gasto sin incrementar los ingresos y luego aplicando la condicionalidad del FMI para bajar la inflación en el bienio 1975-1976. A ese modelo lo calificó Carlos Tello Macías en su libro La política económica 1970-1976 como “desarrollo estabilizador vergonzante”: poner, escondida, la meta de estabilidad macro por el lado de la demanda.

El mismo modelo de desarrollo estabilizador vergonzante se aplica hoy en Hacienda de Carlos Urzúa: un discurso presidencial populista extremo, pero una política económica fondomonetarista de control de la inflación por el lado de la demanda, del gasto, de los salarlos, del PIB y del presupuesto. En términos estrictos, no se trata de una política neoliberal porque no cede el poder económico al mercado y a los empresarios, sino de manera estricta se trata de una política monetarista restriccioncita centrada sólo en la baja del circulante que configura la demanda.

El modelo de desarrollo estabilizador 1954-1970 logró un PIB promedio de 6 %, con tasa de inflación de 3 %-4 %; sin embargo, las cifras de distribución crearon el modelo de crecimiento con pobreza y concentración de la riqueza. El modelo neoliberal 1983-2018 controló la inflación, pero no logró hacer crece r la economía y menos distribuir los beneficios del poco crecimiento.

De ahí que el debate real no sea una tasa de 4% promedio anual que nada resuelve la acumulación de desigualdades de los modelos de sustitución de importaciones, desarrollo estabilizador, desarrollo compartido y monetarismo antiinflacionario. Lo que debe discutirse es el paquete de reformas para lograr que la economía crezca más de 5 % sin presiones inflacionarias y construir un modelo de crecimiento con estabilidad y distribución de la riqueza.

Los primeros meses del gobierno actual son de desarrollo estabilizador y neoliberalismo vergonzantes, existentes, sin reconocerlos. Y que la meta debe ser la gran reforma del modelo de desarrollo. Si no se avanza en esa dirección, entonces el modelo de López Obrador será estabilizador, con asistencialismo limitado y sin modificar la estructura de desigualdad social de 80% de mexicanos con carencias sociales.

Política para dummies: La política es el reflejo de la realidad real.