Opinión

Carta a Enrique Peña Nieto

POLITEIA
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Por: César Velázquez

Estimado presidente: Hace apenas tres días entregó al Congreso el informe sobre el estado que guarda la administración pública federal. La parafernalia del mensaje a la nación desde el corazón de la República, la retórica victoriosa por las reformas conquistadas y adhesiones incondicionales mal disimuladas, conforman una atmósfera poco proclive a la reflexión crítica sobre el trayecto recorrido en estos dos años.

Esta especie de presidencialismo redivivo, que gravita con enorme fuerza en la vida colectiva y reproduce una cultura política parroquial en nuestras relaciones sociales, con el gran Tlatoani reverenciado por sus súbditos, no es buena para la sociedad moderna. Desplaza el centro de gravedad de la política de las regiones y estados al centro del país, con su perniciosa y nociva secuela: un federalismo centralizado y mayores márgenes para la imposición de medidas del gobierno federal en detrimento de la autonomía y la corresponsabilidad de los estados.

Ese cambio en el foco lo vemos en Sinaloa. Desde los medios, desde la clase política, incluso ciudadanos sencillos, de a pie, se dirige la mirada al centro. Ya no importan los actores locales, sino por su relación con el centro del poder. Y por supuesto, la fuerza es directamente proporcional a la cercanía con ese poder. Llevan ventaja sus afectos más cercanos, aunque no se excluye una decisión pragmática, como ocurrió en su momento en el Estado de México.

Una foto en China, una foto en Honduras, desata revuelo. Las especulaciones se multiplican y tiene a medio Sinaloa con el Jesús en la boca. Su más reciente visita, por allá a fines de abril para (re)inaugurar una planta de tratamiento de aguas residuales en Mazatlán, fue motivo para que sus palabras fuesen interpretadas como un respaldo para uno de sus hombres de confianza, y de inmediato muchos cambiaran el sentido de sus apuestas.

Es cierto que la cultura de los signos forma parte de la cultura mexicana, es decir, de la cultura priista. Es cierto también que no siempre hay intérpretes certeros de esos signos, con lo que sigue siendo muy grande la ansiedad por saber con anticipación cuáles son los designios del poder. Aquella frase de entre broma y veras de que "no mates ninguna esperanza, querido gobernador", desató el avispero y lo mantiene desatado.

Es cierto. Usted lo dijo en esa ocasión: cada vez que viene uno de sus funcionarios más cercanos "los políticos sinaloenses se inquietan mucho". Pero no hay razón para ello, agregó. Pero, ¿y quién lo sabe?

Ahora, la inquietud se ha multiplicado. Y no sólo en la clase política. Es cuestión de ver cualquier periódico, escuchar o ver cualquier espacio noticioso para advertir que hay tal estado de excitación en la vida política estatal, que puede provocar un infarto colectivo. Es más: gente que ni vela tiene en el entierro opina, pontifica, pronostica.

Que si el presidente viene a entregar un premio a un destacado exportador de productos cárnicos, que si es un espaldarazo, que si es el arranque sucesorio, que el equipo ya se está armando, que si al presidente no se le puede decir que no. O sea: una excitación generalizada.

Así que, haga lo que haga y diga lo que diga, no hay poder humano que pueda calmar este ambiente de locura. Y eso que estamos a más de dos años del relevo.

cvr052@gmail.com