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Carta de una madre agotada, a otra

Per saecula saeculorum

Debo confesar que no hay nada que más adore en este mundo que a mis amigas que son mamás, las quiero y las admiro por querer permanecer auténticamente como ellas son a la vez que tienen que ser dos con sus hijos, esa otra persona rara que no piensa en nada más que en sus retoños, que no quiere a nada más que a sus hijos y que lo da todo por ellos, aún cuando las tengan hartísimas. Las respeto y me quito el sombrero porque a veces las veo sin energías, con ganas de tirar todo por la borda, de mandarlos a un orfanato, o a un internado, de amarrarlos a una puerta o hasta de agarrarlos a palazos, pero no lo hacen, respiran profundo, se sacan ese "yo antes de ser mamá" de su cuerpo y vuelven a ser "mamá" solucionando el momento aunque ya no puedan oír un grito más, o jugar algún otro jueguito tonto, o responder otra inocente pregunta, o lavar otra camisa, o cambiar otro pañal. Por eso hace tiempo leí algo y lo quise compartir con ustedes mis amigas las mejores mamás del mundo, para esos días que se sienten sin ganas de ser mamás, para esos momentos en los que sienten que cualquier persona haría mejor trabajo que ustedes, para esas situaciones que todas ustedes conocen por favor lean y repitan después de mí:

1. No debo juzgar mi casa, las actividades de verano de mis hijos o mis destrezas artísticas por los patrones de Pinterest.

2. No debo medir lo que he logrado hoy por las cargas de ropa lavada sin doblar, sino por la seguridad del profundo amor con que le hago cosquillas a mis hijos.

3. Debo aceptar los castillos hechos con cobijas y ver más allá del caos o cochinero de los recuerdos acumulados.

4. Debo sorprender a mis hijos sacándolos a comer nieve o papitas cuando ya están en pijamas.

5. No debo compararme con otras madres sino encontrar, en primer lugar, mi identidad con el Dios que me confió estos niños.

6. Debo recordar que una casa desarreglada en paz es mejor que una inmaculada llena de ataduras y niños frustrados o con miedo.

7. Debo escuchar música a todo volumen y enseñarle a mis hijos la alegría de bailar sin coordinación alguna.

8. Debo recordar que la perfección es simplemente una señal de tránsito en la intersección de lo imposible y lo frustrante, en el País de Nunca Jamás.

9. Debo aceptar el hecho de que al convertirme en madre cambié la perfección por el verdadero hogar.

10. Debo prometerme amar este cuerpo que aburre a gritos a estos tres niños, especialmente ante mi hija.

11. Debo regalar una amistad sin resentimientos y sin prejuicios a mis otras amigas madres.

12. Debo hacer lo posible para admitir ante mi gente mis momentos imperfectos.

13. Debo disculparme cuando la disculpa es necesaria.

14. Le pido a Dios que no permita que mi orgullo, rabia o malcriadez impidan pedirle perdón a mis hijos.

15. Debo hacer espacio en mi mundo de adulta para hacerles bromas a mis hijos para que se den cuenta que antes de ser su mamá puedo ser una mujer muy simpática que hace reír a sus amigos en cada reunión.

16. Debo amar al padre de mis hijos y asegurarme que ellos también lo amen.

17. Debo modelar el uso de palabras amables ante mis hijos y adultos por igual.

18. No debo molestarme cuando mi "mamamóvil" esté lleno de bolsitas de papitas, migajas de galletas y pares de calcetines sucios e incompletos. Esto también pasará.

19. Siempre debo buscar el tiempo para darle ánimo a las nuevas mamás.

20. No me debe molestar regresarme para darles un beso de buenas noches y traerles un vaso de agua, sino recordar que el tiempo vuela y pronto todos estarán en la universidad o casados viviendo sus vidas y yo queriéndolos atender.

… con amor de una madre agotada a otra. ///

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