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Censo de un sistema sin sentido y contrario a la innovación

¿QUÉ MÁS?

Los dramáticos resultados del censo educativo recientemente publicados por el Inegi quizá no han generado la reacción que merecen, en gran medida porque no sorprenden a la mayoría.

Es de sobra conocida la necesidad de transformar, de raíz, el sistema educativo. Los últimos en enterarse parecen haber sido los políticos: la reforma constitucional de 2013 llega con años, o décadas, de retraso. No hay partido ni gobierno, federal o estatal, que no comparta responsabilidad (quizá la excepción sea Josefina Vázquez Mota por haber perdido la Secretaría de Educación Pública en el intento de cambiarla). De hecho, es significativo que el censo haya sido resultado de la reforma, cuando en la escuela hubieran enseñado que debería ser al revés.

El censo educativo es muy útil no sólo por reseñar las enormes carencias de infraestructura y la cantidad de maestros que cobran sin enseñar, sino porque permite empezar a socializar la información necesaria para una auténtica reforma educativa.

Uno de los aspectos más llamativos es el bajo número de maestros por centro escolar (o, más bien, por centro de trabajo). En promedio cada escuela tiene cinco; menos que el número de grados de enseñanza. Y éste es el promedio nacional. En el Distrito Federal el promedio es de casi 11, pero en Oaxaca (el 75% encuestado) de 0.9. En clases de fracciones se hubiera aprendido que hay dos formas de evaluar este bajo número: un numerador modesto (pocos maestros) o un denominador alto (demasiados centros de trabajo). Ambas hipótesis pueden ser ciertas, y reforzarse, pero la más interesante es que en realidad hay demasiados establecimientos escolares.

Esto puede verse tanto por el bajo número de estudiantes (99.4 en el ámbito nacional por centro), como en un comparativo internacional. Según el censo (incompleto como se sabe), hay 236 mil 973 centros y un millón 266 mil 574 maestros que atienden a 23 millones 562 mil 183 alumnos, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, a una mayor población estudiantil (38.7 millones) se le atiende con menos establecimientos: 88 mil 565 primarias y un total de 132 mil 183 incluyendo secundarias, pero con mucho más maestros y más estudiantes por escuela (23.4 y 415.2 respectivamente).

El excesivo número de centros puede estar relacionado con la dispersión de poblados en lugares lejanos e incomunicados, pero esta explicación es insuficiente cuando se considera que el número de maestros o alumnos por escuela es aún bajo en áreas altamente urbanizadas como la ciudad de México (10.4 y 171.1), Aguascalientes, (7.8 y 135.4) y bajísimo en estados pobres y más dispersos como Oaxaca (0.89 y 45.4), Chiapas (2.2 y 38) y Zacatecas (3.3 y 65.9).

Visto de esta manera queda claro que no puede haber una reforma educativa exitosa sin una cierta consolidación en menos centros de enseñanza. Las escuelas con cinco o menos maestros (la mayoría) no son propicias para el intercambio académico, ni de ideas, ni de diversidad de disciplinas y enfoques que requiere la pluralidad natural de los alumnos. Así, antes de usar el censo para reparar las patéticas deficiencias de infraestructura (el 48.4% de las escuelas no tiene drenaje, 31% no tiene agua potable, 12.8% no tiene sanitarios y 11.2% no cuenta con energía eléctrica), cabe evaluar si no habría que invertir en planteles educativos más grandes, con mayor diversidad, plantillas de maestros más ricas y estratégicamente situados para alumnos de cada región.

El exceso de centros de trabajo eleva en forma significativa el personal administrativo (de una nómina total de un millón 949 mil 105 trabajadores de la educación, menos de un millón enseñan en salones de clase). Al reducirse el número de centros se generan economías administrativas que podrían utilizarse con dos objetivos estratégicos: acercar los alumnos a la enseñanza con medios de transporte y la enseñanza a los alumnos con medios de comunicación.

El desastre del censo educativo puede verse como una gran oportunidad para que cada estado imagine la educación del siglo XXI. Aunque todos deben ser medidos por el progreso (no el nivel) de sus alumnos en exámenes nacionales, cada estado o región debe adoptar la mejor combinación de consolidación (menos escuelas), transporte (del alumno a la enseñanza) y comunicación (la enseñanza al alumno) en función de las necesidades.

México fue pionero en el desarrollo de tele secundaria para llevar la enseñanza a lugares aislados y remotos. La tecnología ahora permite ir mucho más lejos y utilizar medios de comunicación modernos y bidireccionales (banda ancha) para aprovechar de manera radical economías de escala y enfoque en la enseñanza de niños en todo el país, pero, sobre todo, en comunidades aisladas.

No se trata, por supuesto, de repetir Enciclomedia, sino de multiplicar la enseñanza de los más variados temas con el objeto de preparar a los alumnos para el conocimiento y la innovación. El ejemplo más claro de lo que está a la mano es Khan Academy ( http://es.khanacademy.org ) cuyas plataformas están disponibles en forma gratuita para América Latina desde 2013 gracias a la colaboración de esta institución con la Fundación Slim. Entre las diversas actividades que implica dicha colaboración está la traducción al español de los contenidos (habría que también hacerlo, para ciertas materias, a lenguas indígenas). Esta academia educativa en internet permite la educación a distancia sobre los más variados temas y con niveles de profundidad que van desde lo más sencillo hasta conocimientos superiores. Gracias a la colaboración con la Fundación Slim, en septiembre de 2013 había más de dos mil videos traducidos. Por supuesto, copiar contenido educativo es sólo un primer paso; con base al existente hay que generar el propio y buscar las fórmulas más exitosas para el avance educativo.

La clave es basarlo en la innovación. Esto implica estar abiertos a encontrarla en lugres inesperados e inéditos y a descubrir gran talento en las comunidades más remotas y desfavorecidas. De hecho, el principal objetivo de los exámenes nacionales debe ser no sólo evaluar al sistema educativo, sino el descubrimiento de talentos e innovación.

El sistema educativo de hoy parece estar diseñado para maximizar la presencia política en el mayor número de comunidades (lo que explicaría la cantidad de centros de trabajo) y en el aprendizaje basado en la repetición olvidadiza. Hoy existen las herramientas para llevar la mejor educación a todos los rincones del país y los mejores talentos a instituciones de excelencia. El objetivo debe ser despertar la creatividad y la innovación para hacer de ellas la principal ventaja comparativa de México.

De hacerlo, no debería sorprender que una patente, para curar alguna enfermedad formidable, surja de una alumna de la sierra de Guerrero o de un pueblo aislado de Chiapas.

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