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Centroamérica: no es el narcotráfico

El sur también existe. Ese el aprendizaje mayor de la crisis de los niños migrantes: lo que sucede en Centroamérica tiene sonoras repercusiones en México. Las dislocaciones políticas, sociales y económicas de nuestros vecinos inmediatos acaban por derramarse sobre nuestro territorio. Sus problemas son nuestros problemas.

¿Pero qué es lo que sucede en Centroamérica? ¿Por qué hay de pronto una avalancha de niños y adolescentes tratando de huir de Guatemala, El Salvador y Honduras? No hay una respuesta única, pero es en parte una historia de violencia descarnada. Los tres países involucrados sufren de tasas de homicidio casi inimaginables: según datos de la ONU, en 2012, se registraron 39, 42 y 90 asesinatos por 100,000 habitantes en Guatemala, El Salvador y Honduras, respectivamente.

Un fenómeno de ese tamaño no puede tener una causa única. Sin embargo, en la narrativa dominante, se atribuye al combate al narcotráfico un papel determinante en la crisis. En su reciente visita a México, el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, señaló lo siguiente: "Honduras vive una emergencia (...) a raíz de que Estados Unidos y Colombia hicieron operaciones importantes en la lucha contra las drogas. Posteriormente lo hizo México. Entonces, el fenómeno se concentró en la parte norte de Centroamérica."

No es una hipótesis descabellada. En efecto, entre 2007 y 2011, los decomisos de cocaína en Guatemala, Honduras y El Salvador crecieron casi 70%. Sin embargo, la teoría del desplazamiento del narcotráfico resulta insatisfactoria como explicación de la violencia. El crecimiento de los flujos de cocaína afectó a toda la región centroamericana, no sólo a los países del triángulo norte. En 2012, Nicaragua incautó cuatro veces más cocaína que Honduras. No obstante, la tasa de homicidio de Nicaragua se ha mantenido estable, en torno a 12 por 100,000 habitantes, desde hace una década. Por otra parte, tanto en Guatemala como en El Salvador, la escalada de violencia alcanzó su pico en 2009, previsiblemente en el momento en que la actividad del narcotráfico se desplazaba desde México hacia Centroamérica. Sólo en Honduras siguió creciendo la violencia a partir de 2010.

¿Dónde se ubican entonces las causas de la crisis? De nuevo, no hay explicaciones simples, pero hay que apuntar la mirada a dos procesos interrelacionados. En primer lugar, la existencia de un fenómeno pandilleril de dimensiones desconocidas en otras regiones del mundo, alimentado por la exclusión social, la ineficacia estatal y las políticas migratorias de Estados Unidos. Según algunas estimaciones, las maras tienen entre 60 y 80,000 integrantes en Honduras, y entre 40 y 60,000 miembros en El Salvador.

Por otra parte, las instituciones de seguridad y justicia en el Triángulo Norte sufren de una debilidad endémica, exacerbada por los procesos de paz de los noventa. En Guatemala, la policía nacional y las fuerzas armadas tienen en conjunto 35,000 elementos, cuatro veces menos integrantes que las empresas de seguridad privada. En El Salvador, las prisiones tienen capacidad para 8000 reos, pero albergan a más de 24000.

Por más que el narcotráfico haya podido exacerbar la violencia en Centroamérica, las causas son fundamentalmente internas. Y la solución pasa necesariamente por una doble pinza de inclusión social y fortalecimiento institucional. Ello no obsta para modificar todo lo que haya que modificar en materia migratoria, y apoyar en todo lo que se pueda apoyar al desarrollo de la región, pero el liderazgo tiene que ser centroamericano. El problema es interno, la solución no puede venir de fuera.

Twitter: @ahope71