Opinión

Cerrazón

SAPIENZA

Por: Emmanuel

La búsqueda del origen de la vida ha topado en pared debido al empecinamiento de quienes acaparan los círculos científicos y académicos, pues han limitado esa búsqueda a su preconcebida idea. El verdadero científico debería dirigirse hacia donde los hechos lo guíen, no hacia donde él quiere ir. Así, la búsqueda infructuosa sigue los mismos caminos que los han llevado a ningún lado. Tal es el caso de la teoría de la Evolución. Ha habido una animadversión hacia todo lo que huela a un origen divino, pero ¿qué dice la Evolución, qué dice la Biblia y cuáles son las conclusiones científicas? A grandes rasgos, la Evolución dice que al principio aparecieron vidas simples que gradualmente se convirtieron en formas más complejas. La Biblia afirma que la vida apareció casi de inmediato completamente formada, mientras que la ciencia dice que en el periodo Cámbrico, el llamado Big Bang biológico, hubo una explosión de vida completamente formada. La Evolución habla de partes que fueron desarrollándose, es decir, nuevos miembros, órganos y huesos, mientras que la Biblia afirma que los seres vivos fueron creados de manera completa. El registro fósil habla de seres vivos con todas sus partes, es decir, completos, no seres que lentamente iban agregando nuevos miembros, órganos y huesos. La Evolución habla de que una especie fue dando origen a otras. La Biblia habla que las diferentes formas de vida se multiplican conforme a su especie (Génesis: 1:24), mientras que las pruebas dicen que los seres vivos se reproducen únicamente según su especie. La Evolución sigue buscando los eslabones perdidos que prueben esa transformación gradual de una especie a otra, mientras que la Biblia ni se ocupa de esto, y la ciencia muestra que no hay eslabones que prueben dicha transición. Después de más de siglo y medio de búsqueda infructuosa, ¿no es tiempo que los llamados hombres de ciencia busquen más allá de los medios naturales aunque los resultados contradigan su marcado ateísmo? Pero el ateísmo que prevalece tanto en los científicos como en los académicos impide ir más allá de su cerrazón. Cierto, Dios no se puede probar en el laboratorio, pero su huella está en todos lados.