Opinión

Chips

DESDE LA CONFRATERNIDAD

Por: José Humberto Choza Gaxiola

La ley de Moore (descubierta en 1965 por Gordon Moore) es una idea motriz que subyace en los sueños proféticos de Mark Weiser en Silicon Valley de California. Hace 25 años Weiser dijo que estaba a punto de producirse una revolución que cambiaría el mundo. En su despacho y contiguo taller de informática la concibió, que fue el lugar de investigación del que fue pionero en la creación de la computadora personal, la impresora laser y otros aparatos de avanzada en la actualidad. Eran tiempos en los cuales las personas empezaban a animarse a usar aparatos, que aunque voluminosos y pesados, eran ya útiles para formular hojas de cálculo y procesar textos. Weiser provocaba acalorados debates entre sus ingenieros, sobre si esa caja fría e implacable deshumanizaría a la civilización. Uno de los ingenieros, W. F. Buckley, tuvo que defender su procesador de texto frente a algunos intelectuales que denostaban contra él y afirmaban que jamás tocarían un aparato con características del suyo, y lo llamaban burlonamente "el filisteo". Lo anterior es una muestra para entender que muchos de los equipos que hoy son la maravilla de los cálculos tuvieron bastantes tropiezos, incluyendo a sus propios constructores. En este ambiente fue donde Weiser predijo que algún día los chips llegarían a ser tan baratos y abundantes, que estarían diseminados por todo el entorno personal: en nuestras prendas de vestir, en el mobiliario, por las paredes, e incluso en nuestros cuerpos. Todos ellos estarían conectados a internet, compartiendo datos, haciendo nuestras vidas más agradables, atendiendo todos nuestros deseos. Lo más maravilloso sería que los chips estarían en todo lo inmediato para hacer realidad silenciosamente (todavía mejor) nuestros deseos. Para aquella época, este sueño de Weiser era una extravagancia y quizá se pensaba que todo ello era absurdo, pero hoy es real y más que real. Según la ley de Moore, cada Navidad nuestros nuevos juguetes tendrán el doble de aditamentos que supuestamente divertirán mejor a nuestros hijos. O si me permiten el concepto, "serán el doble de potentes". Y a medida que vayan pasando los años el crecimiento será cada vez más grande. Recuerdo, por ejemplo, que hace algunas navidades recibí una tarjeta de felicitación con un chip incluido que al momento de abrirla se iniciaba una melodía alusiva a la Navidad. Y qué es lo que hacemos después con la tarjeta, la tiramos o la guardamos en un lugar del "nunca jamás", lo cual es una incongruencia, ya que según los científicos cibernéticos, ese chip tiene más "potencia de ordenador" que todas las fuerzas aliadas en 1945. Dice Weiser, que Hitler, Churchill o Roosevelt habrían hecho cualquier cosa para conseguir una potencia de tal magnitud. Sin lograr entender esto de la "potencia de ordenador", imagino que debe ser algo de muy alto grado, que ahora se maneja como algo de grado muy bajo. Hoy en día un teléfono celular tiene más potencia de ordenador que toda la NASA en 1969, cuando llevó a dos astronautas a la Luna. Por si fuera poco, sin darnos cuenta de lo que traemos entre manos, los videojuegos consumen enormes cantidades de potencia de ordenador para simular situaciones en tres dimensiones, utilizan más potencia de ordenador que los ordenadores centrales de la década pasada. Lo anterior indica que no sabemos qué cosa o elemento portamos y ni de qué magnitud es. Los chips son como artilugios que se insertan en un aparato, y que de inmediato se transforma en algo maravilloso. Si el aparato fuera una máquina de escribir y se le agrega un chip, ésta se convierte, con mejoras mecánicas, en un procesador de textos, como el que estoy usando para escribir este artículo. Cuando se inserta en los teléfonos, éstos se convierten en celulares, y en las cámaras fotográficas las máquinas se transformaron en videojuegos, y así cada sector industrial. Entonces no debe extrañar que un pequeño virus, como el del "ébola", tan de moda, tenga tanta potencia. Quizá no sea lo mismo pero es muy parecido. De todo lo anterior, debemos presumir que el chip pronto será muy barato y será muy común, ya que vamos a poder usarlo para resolver muy diversas necesidades. Y también viene una sentencia: la empresa que no haga que sus productos sean inteligentes pueden encontrarse excluidas, igual que cada uno de los humanos, o la esperanza de que alcance la posibilidad de ponerme un chip que me dé inteligencia y que me haga bueno para hacer negocios que me den mucho dinero… ja-ja-ja. Seguro, que de éstos, se van a vender por millones.

jhchoza@yahoo.com.mx