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Opinión

Ciclo C. 3° del tiempo ordinario

REFLEXIÓN DOMINICAL

Por Pbro. Gerardo Gómez Villegas

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Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,1-4;4,14-21):

Ilustre Teófilo:
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.    
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.    
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:    

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».    
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles:    
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».  Palabra de Dios.

Desde siempre hemos escuchado y creído que, cada vez que el Evangelio llega a nosotros, es porque la “Buena Nueva”, la “Buena Noticia” que privilegiadamente recibimos cada semana es sinónimo de la Palabra de Dios. Y, efectivamente se trata de una buena noticia porque el Amor de Dios es siempre lo mejor que podemos escuchar y valorar; por eso, nuestro Dios mandó a su Hijo Jesús a dar la vida por nosotros y, no a causa de nuestros méritos, sino porque así lo quiso. Quiso amarnos como iniciativa suya, haciéndolo mucho antes de que nosotros tuviéramos la intención de amarlo: ¡Él nos amó primero!

Pues, esta es la alegría de la que nos habla hoy el pasaje de la Escritura que escuchamos este domingo. El Señor viene a liberarnos de nuestros miedos, de nuestros traumas, de nuestros desánimos porque, precisamente, no nos creó para eso. Nos creó para que percibamos su amor y su cariño en un contexto tan maravilloso en donde lo pudiéramos encontrar a Él, en este mundo y en una familia que sabe y entiende de amor y de entrega.

La crítica que la sociedad ha hecho al mensaje de salvación y liberación que nos da la Iglesia a través del Evangelio cada domingo, pretende insinuar que “siempre le va bien” a los malos y no así a los buenos. Aquí entra el mensaje de Dios, la Buena Nueva, al constatar como muchos hechos humanos como el amor, el sacrificio, la entrega, la alegría, los valores, trascienden el mundo que nosotros tocamos con nuestras manos, y esto, porque el bien va más allá de las respuestas inmediatas y materiales que creemos indispensables. 

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Precisamente, en nuestra situación, nuestras palabras y nuestras obras deberían ser, como en Nazaret fueron las de Cristo, anuncio de libertad y promesa de salvación. Nuestra vida cristiana debe proclamar con alegría la vida nueva, la buena noticia y ya desde ahora. El mundo sigue necesitando el Evangelio, la “Buena Noticia” y muchos mensajeros. ¡¿De ti?!

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