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Cincuenta pesos por gol

GRAN ANGULAR

Hace poco más de 20 años, cuando llevaba mi hijo a jugar futbol a la liga infantil, resultaba detestable oír a la mamá de uno de sus compañeros del equipo, habilidoso, por cierto, en el eje de ataque, ofrecerle cincuenta pesos por cada gol que anotara.

Aquel niño de ocho años jugaba por dinero, cuando a esa edad de lo que se trata es de divertirse, saber lo que es trabajar en equipo, ejercitarte, competir deportivamente en igualdad de condiciones físicas y mentales y, desde luego, aprender a ganar pero también a perder. Nuestro goleador no disfrutaba ni se divertía, trabajaba, hacía del juego un negocio.

Negocio de ganancias multimillonarias es el futbol profesional de nuestros tiempos. No es la intención satanizarlo porque lo sea. Sí lo es destacar que ese carácter utilitario no le ha dejado nada de lo mucho que tiene de apasionado divertimento el deporte más popular del mundo. Ha ganado la lógica de esa mamá que pagaba a su hijo 50 pesos por gol.

Hoy la FIFA es una gran empresa global que ha hecho del futbol un producto de consumo masivo que genera ganancias exorbitantes a sus dueños y a algunos de sus más talentosos exponentes.

Los seleccionados de cada país no compiten simplemente por el gozo de competir y la estimulante emoción de ganar. Este año, por ejemplo, el simple hecho de participar en la primera fase, la de grupos, las federaciones de los países participantes recibirán cuatro millones de dólares. Las de los 16 equipos que pasen a la segunda fase, el tan mentado cuarto partido (que es el que el consenso sugiere que podría alcanzar la Selección mexicana), recibirán nueve millones de dólares. Las de los ocho equipos que avancen a cuartos de final ganarán 14 millones de dólares, la que quede en cuarto lugar, 20 millones; la del tercer lugar, 22 millones; la del segundo lugar; 25 millones; y la que gane el campeonato, 35 millones de dólares.

Estas cantidades son sólo las primas para federaciones y equipos. Por su monto sugieren una idea de las ganancias que obtiene la FIFA en cada torneo que organiza, ya ni se diga en cada Mundial, cuya mayor parte está conformada por lo que cobra por derechos de televisión.

¿Qué gana el país organizador y su pueblo? Pues ganan en imagen internacional, en ingresos turísticos y en la derrama que esos visitantes dejan a todo el sector de servicios. ¿Eso compensará el gasto del anfitrión en estadios, servicios, seguridad y un largo etcétera? Parece que no, si nos atenemos a la cifra dada por el gobierno brasileño de que la organización del Mundial les ha costado algo así como 13 mil millones de dólares.

Ese ahí donde está la protesta de los brasileños, país que sigue enfrentando graves problemas de pobreza extrema y hambre. ¿Por qué no haber gastado ese dinero por lo menos para paliarlos?

Es previsible que en Brasil se vean durante la celebración del campeonato protestas similares o quizás más grandes que las que se vieron el año pasado en la Copa Confederaciones. Prevalecerán las de los grupos más radicales porque las que tienen que ver con huelgas o reivindicaciones de carácter salarial o gremial seguro que se van a resolver. Éstos se conformarán con lo que obtengan: de lo perdido lo que aparezca. Y aquellos quién sabe hasta dónde llegarán.

INSTANTÁNEAS:

1. MALTRATO. Acuso recibo del correo del lector Pablo Ángeles Sánchez que denuncia un caso similar al del niño Owen (golpeado hasta la hospitalización por la pareja de una madre permisiva) y pide la atención de las autoridades. De acuerdo con la información, la agredida es la niña Jade Yamileth Barrera y el agresor es su padre Brandon García Alquitira. El ataque habría ocurrido la madrugada del pasado 30 de mayo en la delegación Xochimilco. La niña tiene dos años y, de acuerdo con el correo, está internada en el hospital Infantil Legaría. El diagnóstico médico establece daños en el cráneo y un riñón por la golpiza que recibió.

2. FOVISSSTE. También acuso recibo de la comunicación del lector José Luis Hernández Tovar, quien considera que el Fondo para la Vivienda del ISSSTE opera como una moderna tienda de raya. El crédito —dice— se consigue sin ninguna dificultad, pero el problema viene cuando se liquida y te siguen descontando una mensualidad vía nómina. Para que dicho descuento se suspenda automáticamente (lo que no es nada difícil con los actuales sistemas), el derechohabiente tiene que meterse a un engorroso trámite que dura años y que muchos abandonan por el tiempo que te quitan. Y mientras, te siguen descontando.

Twitter: @Raul RodríguezC