Opinión

Colegiación y certificación profesionales

Por: José Ramón Cossío Díaz

En febrero de este año, siete senadores presentaron iniciativas para reformar la Constitución y crear una ley en materia de colegiación y certificación profesionales.

Las iniciativas no pretenden regular todas las profesiones existentes, ni a la totalidad de las labores que se realicen dentro de aquellas que estén sujetas a regulación. Se busca establecer que quienes desempeñen ciertas profesiones, y dentro de ellas algunas actividades, relacionadas con la vida, la salud, la seguridad, la libertad y el patrimonio de las personas, se sometan a determinadas condiciones para su ejercicio. Por ejemplo, dado que no todos los licenciados en derecho podrían llegar a afectar tales bienes, no todos tendrían que someterse necesariamente a los nuevos requisitos.

La manera en que pretenden regularse las profesiones y actividades vinculadas con esos bienes, es mediante la colegiación y la certificación. La primera consiste en obligar a las personas a inscribirse en un colegio autorizado al efecto. Quien no se inscriba o sea dado de baja de él, no podrá ejercer la correspondiente actividad profesional. La segunda manera de regulación busca que, adicionalmente a la colegiación, los profesionistas deban certificarse periódicamente ante instituciones integradas por miembros de la actividad profesional correspondiente. Esto, se pretende lograr a través de la presentación de exámenes para acreditar la actualización cognoscitiva y competencial. Nuevamente, el no acreditamiento impediría la actividad profesional.

Ambas iniciativas buscan regular, de manera directa y estructural, una parte importante de la práctica profesional en nuestro país. Al haber identificado ciertos valores sociales a proteger y toda vez que está constitucionalmente permitido que ciertas actividades —las profesionales— sólo puedan realizarse mediante la autorización del Estado, se quiere dar un paso adicional para que quien se desempeñe en ellas adquiera más compromisos y responsabilidades. El tema tiene aristas importantes. Para tratar de entenderlas, la semana pasada se celebró en El Colegio Nacional el seminario "Colegiación y certificación profesionales" con la intervención de legisladores, académicos y, primordialmente, representantes de las profesiones que previsiblemente quedarán sujetas a las nuevas regulaciones. Médicos, ingenieros, químicos, pilotos aviadores, arquitectos, abogados, contadores públicos, entre otros, señalaron cuáles eran las ventajas de las propuestas y cuáles sus debilidades, lagunas o contradicciones. La mayoría acepta la colegiación, pero no completamente la manera en que las propuestas pretenden implementarla. Hay temores en cuanto a pulverizar la representación gremial, la independencia de los colegios, la formación de grupos de poder y las limitantes al ejercicio libre de la profesión, no tanto como filosofía, sino por el modo en que las propuestas están construidas. Por otra parte y aun cuando minoritariamente, los representantes de ciertas profesiones estimaron más adecuada la certificación, sin tener que colegiarse previamente.

El seminario, en todo caso, mostró la necesidad de debatir ampliamente las iniciativas para perfeccionarlas y hacerlas operativas. No deja de llamarme la atención el poco debate que socialmente se está dando en un tema que afecta a segmentos muy amplios de la población, especialmente a los que cuentan con mayores niveles educativos. No discutir estos temas equivale a ceder totalmente a los políticos la regulación de lo que profesionalmente cada cual es; insertarse plena y responsablemente en la discusión de un tema que los profesionales mismos afortunadamente abrieron, es un ejercicio ciudadano y profesional plenamente responsable.

@JRCossio