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Colosio

Este domingo 23 de marzo se cumplen 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Efeméride que obliga a pensar en el significado profundo de esa muerte y a avivar la exigencia de que se realice una real investigación que permita conocer, algún día, la verdadera historia de lo que sucedió.

Quien fuera candidato del PRI a la Presidencia quedó envuelto en la muchedumbre de Lomas Taurinas, abatido por las balas en un suceso que pasó, de mitin político a trampa mortal.

Hubo varias hipótesis: "la acción concertada" durante el mitin, un "segundo tirador" para perpetrar el crimen; la trayectoria increíble de una bala "alojada" en el forro de la chamarra. Mucho de eso se fue desechando, hasta asentarse la "verdad oficial" que validó la tesis del asesino solitario.

Mario Aburto fue procesado y sentenciado como el único culpable de haber jalado el gatillo que terminó con la vida del candidato presidencial.

La familia de Aburto y el propio Aburto -según versiones transcritas de sus conversaciones- no reconocen que Aburto haya sido autor intelectual ni material del asesinato.

Manuel Camacho dice, con razón, que es irrelevante saber quién fue el que jaló el gatillo, lo que importa saber es qué hubo detrás. Debe incluirse en la ley formalmente, "el derecho a la verdad", figura que existe en otros países y que permite exigir, por la vía jurídica, que se esclarezca un suceso trascendente, habida cuenta de que el resultado judicial no convenció a casi nadie.

Manlio Fabio Beltrones dijo, esta semana, que las investigaciones, "por más sólidas que éstas fueran... no convencieron a la totalidad de los mexicanos". Y agregó un enigmático mensaje: "... de lo que sí estoy convencido es que debemos procurar haciendo política, dialogando, negociando y evitando lo que son posiciones radicales que volvamos a vivir un momento tan trágico como ése". ¿A qué radicalidad se refería Beltrones? ¿A la de Luis Donaldo Colosio, que terminó en tragedia?

Con más contundencia, otras voces, han dicho que la muerte de Colosio fue fraguada desde las alturas del poder mismo. Se recuerda el contexto político de la época y las condiciones adversas por las que atravesó su candidatura.

En el primer libro de la recién nacida Ediciones Proceso, Alfonso Durazo compila 20 testimonios sobre Colosio. En El futuro que no fue, se leen textos directos como el de Julio Hernández López -columnista de La Jornada y entonces cercano colaborador de Colosio. "A la distancia, sigo creyendo que el asesinato de Colosio fue una maniobra que pudo ser concebida, ejecutada y mantenida en la impunidad por el propio poder supremo que en ese momento constituía el salinismo, en sus dos vertientes más notables, la del propio Carlos como cara política reformista y la de Raúl como operador político financiero comprometido con intereses oscuros tanto en negocios con recursos públicos como de otra índole".

Por su parte, Salinas tampoco cree en la tesis del asesino solitario. Ya alguna vez aludió a la "Nomenklatura" para entender qué hubo detrás de la muerte de Colosio.

Los muy cercanos a Colosio, como Durazo, hablan de la "tremenda lucha por el poder que se libraba en las alturas", aquellos años, incluso, con otros asesinatos como el de Ruiz Massieu y Posadas Ocampo. "¿Quiénes estuvieron realmente detrás de esos gatillos? Tal vez nunca lo sabremos. Es casi imposible separar las certezas y las especulaciones, pero nadie podrá quitarnos la certeza subjetiva de que fue un crimen fraguado desde el poder, o en sus alrededores".

Ésas, otras voces y la propia exigencia histórica obligan a acompañar la idea de que debe haber una nueva investigación, cuyo propósito real sea que aflore la verdad.

¿Tiene el actual gobierno algún interés en que esto suceda? Al parecer ninguno.

Enrique Peña Nieto escribió para SDP un artículo publicado esta semana. Tirándole a insulso, el texto no deja ver ninguna interrogante o afirmación de fondo sobre el caso Colosio. A pesar de la fuerza de la efeméride, de las voces que lo piden, no parece haber en el ánimo del actual gobierno intención alguna de revisar la increíble historia del asesino solitario.

Queda ahí lo que marcó la historia: el discurso impecable del 6 de marzo, con los pasos a seguir para desmontar el régimen autoritario; el acuerdo final entre Camacho y Colosio -según narra el primero- de ir juntos en esa tarea, una vez firmada la paz en Chiapas; la euforia de Colosio cuando Camacho se pronunció -finalmente- por su candidatura, apenas un día antes de que una fuerza oscura acabara con su vida.

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