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¿Cómo puede Sinaloa aprovechar el PNI 2014-18?

POLITEIA

El Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 que anunció a principios de esta semana el presidente Enrique Peña Nieto, tiene para Sinaloa un significado relevante: incluye obras y proyectos estratégicos que pueden dar un impulso decisivo a un crecimiento sostenido y romper con la mediocridad de su desempeño económico en las últimas décadas.

Hablo de una posibilidad, pues por sí mismas no todas estas obras son inversiones de efecto acumulativo, pero sí crean las condiciones para la expansión de la actividad económica, por lo que hace falta una gestión deliberada que oriente los esfuerzos de los agentes productivos hacia una utilización racional de los recursos disponibles, esto es, un plan en el que se incorporen en un proyecto compartido las visiones, preocupaciones e intereses de los actores institucionales, del mundo empresarial y del ámbito laboral.

Mientras no exista tal plan, el crecimiento de Sinaloa seguirá siendo pobre, con un aporte prácticamente marginal al PIB nacional. El gobernador lo ha dicho en no pocas ocasiones, y lo reiteró esta misma semana en el acto de entrega de becas a jóvenes: "Este estado no merece estar como está… Nosotros podemos hacer de Sinaloa en las próximas dos décadas un emporio… el desarrollo hidroagrícola nos llevó hasta cierto nivel de desarrollo, un estado de progreso, pero ya ahorita no está siendo suficiente".

En realidad, como lo he dicho en otras ocasiones, el problema del plan es saber por medio de qué ritmo de crecimiento y de qué estructura económica se va a alcanzar el nivel de desarrollo que se desea. Por eso, frente a lo que dice el gobernador no hay que hacer oídos sordos, ni ampararse en la existencia del PED, sino poner a trabajar a especialistas y técnicos en la planeación del desarrollo, para al menos intentar un esbozo serio del futuro que queremos para todos.

Lo malo es que en este campo no han predominado los profesionales y técnicos. No sé de dónde salió la idea de que las figuras idóneas para encabezar la gestión del desarrollo económico eran las del mundo empresarial. Así vemos pasar por estos cargos a hombres más o menos prominentes del mundo de los negocios, con resultados bastante magros a la vista, pues todos ellos, más que centrar sus esfuerzos en la promoción de un desarrollo basado en factores endógenos, han querido atraer el progreso desde el exterior.

No hay que echarle la culpa a la naturaleza, que ha sido pródiga con la entidad. Podrán venir años muy buenos para la economía sinaloense, sobre todo por las obras y proyectos considerados en el Programa Nacional de Infraestructura, pero si no se sabe aprovechar y potenciar ese formidable capital físico, no habrá ningún efecto multiplicador, y el nuestro seguirá siendo un territorio estancado y/o potencialmente perdedor.

Digo: que las autoridades correspondientes promuevan en serio el consenso: que convoquen al Colegio de Economistas de Sinaloa, a la Coparmex, a las aletargadas instituciones académicas, a especialistas en materia económica, para revisar con rigor y profesionalismo los problemas estructurales del modelo de desarrollo que se ha seguido, y cómo recuperar la senda del crecimiento sostenido.

De ahí podrían salir muy buenas iniciativas para apuntalar los Compromisos por Sinaloa, en el marco de la reforma del Estado.

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