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Opinión

Compañía mexicana que diseñó y vendió Ferraris por todo el mundo

ALGO DE NEGOCIO
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Por: ÓSCAR OROZCO

Alejandro Alessi es un emigrante italiano que radica en San Luis Potosí. En 1986 funda su empresa de nombre Biciclo, SA de CV. Eran 70 empleados en cinco mesas de trabajo en una bodega de 500 metros cuadrados. El primer año pudo producir 10 mil unidades.

El nombre comercial de estas es Bicicletas Turbo. Poco a poco fueron creciendo y especializándose. Al principio sólo fabricaron triciclos y bicicletas juveniles, se enfocaron a venderles a negocios pequeños. Hoy en día, producen más de 100 modelos que van desde triciclos hasta bicicletas personalizadas que son sobre pedido. Tres de sus líneas de producción son sólo para exportación.

La fábrica está montada sobre un polígono de cuatro hectáreas en el Parque Industrial San Luis, producen en acero, aluminio y carbono. En una visita del papa Juan Pablo II a México, le regalaron una bicicleta a medida y hoy está en exhibición en el Museo de El Vaticano. Tienen 600 empleados directos, exporta a 40 diferentes países, que va desde Centroamérica, Europa, Estados Unidos, Canadá, Emiratos Árabes Unidos. Su producción anual es de unas 400 mil unidades.

A principios de este siglo, la industria de la fabricación de bicicletas estaba en plena crisis. Tan sólo en 2003, la venta de bicicletas nacionales cayó 30%, pero el número de bicicletas vendidas a nivel nacional aumentó en 10%. El motivo fue el ingreso al país de bicicletas chinas baratas. El gobierno chino da un subsidio de 15% del valor de la bicicleta exportada, esto provocó que los márgenes del negocio se redujeran, los pequeños fabricantes nacionales desaparecieron y los que quedaron en el mercado tuvieron que bajar costos, aumentar volúmenes de producción y, sobre todo, ser creativos. Por ejemplo, los de Turbo licenciaron los personajes de Looney Tunes para utilizarlos en sus bicicletas infantiles.

Un día, Alejandro veía las carreras de Fórmula Uno y se le ocurre el producir una bicicleta con la marca Ferrari, en menos de un mes estaba sentado con un directivo de Ferrari en Italia. La idea les gustó y le dieron diez días para que presentara diseños y el plan de negocios. De lo que se enteró más adelante fue que Ferrari invitó a otras dos empresas para que le hicieran propuestas para el mismo fin. Así que con su equipo de siete diseñadores gráficos e industriales que tenía en su empresa, presentaron siete diferentes diseños que abarcaron desde el mercado infantil, hasta el adulto o profesional.

Algo que jugó en su favor fue el apoyarse en Ernesto Coinago, quien trabaja en sociedad con Ferrari desde 1961, porque no es que Ferrari no fabricara bicicletas, sino que producían bicicletas de gama alta para profesionales de ciclismo de pista cerrada o de ruta. Producían en ese tiempo unas 60 al año con precios promedio de 9 mil 500 dólares.

Finalmente, le dieron luz verde y fue el ganador de la competencia. Dos meses después mostró los diseños de manera física que fueron aprobados. Entre los detalles del plan de negocios se puso un calendario de producción que siempre fuera menor la producción a la demanda que inicio con 30 mil unidades y un tope a 50 mil. Su fabricación no fue en San Luis Potosí, sino en la fábrica de Corea de Coinago. En 2007 se le dio la licencia exclusiva para la comercialización a nivel mundial de bicicletas Ferrari, la cual venció en 2012. La inversión en desarrollar la red de distribuidores y financiar el inicio de producción fue de 2.5 millones de dólares. Dos años después, Audi lo contrató para que produjera sus bicicletas para el mercado mexicano.

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