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Opinión

Compensación

Por: Roberto Valdez Prado

Bienaventurados los pobres de espíritu, dijo Jesús en su sermón de la montaña, refiriéndose a que debemos ser humildes, —no inferiores, no serviles, sino ubicados en nuestro valor real—, para abrir nuestra mente a la comprensión de la verdad, y reconocer que todos los seres humanos somos iguales en capacidades y facultades, como partes de la creación divina, con su inmensa sabiduría.

Estamos inmersos en un universo regido por leyes precisas, las cuales hay que identificar y respetar. Una de esas leyes es la Ley del karma, o Ley de Compensación, o de Causa y efecto, que dice que todo lo que pensamos, hablamos o hacemos, produce un efecto que siempre, tarde o temprano se reflejará en nuestras vidas; regresará con el propósito de que aprendamos en carne propia el resultado de esas nuestras acciones pasadas.

Si hacemos ahora un bien, al tiempo seremos compensados con otro bien; si hacemos mañana daño a alguien, el universo compensa las cosas y de seguro que pronto estaremos sufriendo una enfermedad, una frustración o un accidente. En vano podremos ignorar la ley echándole la culpa a la suerte, a Dios, a la hechicería, a las constelaciones astrológicas. Lo mejor que debemos hacer es reconocer que toda acción tiene su compensación, sea esta positiva o negativa. Analizar, cuantas veces nos ocurra algo significativo, hasta encontrar en el pasado la causa de ese resultado.

Lo más recomendable es diariamente tomarse un tiempo, antes de dormir, para analizar las experiencias vividas durante el día, y descubrir la causa que las originó. El karma termina, se cierra, cuando reconocemos, cuando aprendemos la lección. Pero es claro que lo más efectivo para afrontar el karma es acumular acciones positivas a favor de los demás; hacer por otros lo que deseamos para nosotros.