Opinión

Con 97 años y la Anabe a cuestas

RINCÓN BEISBOLERO

  • RINCÓN BEISBOLERO

Por José Carlos Campos

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ANIVERSARIO.- Celebró la Liga Mexicana de Beisbol su aniversario número 97, casi 100 años se ser el circuito mexicano más longevo en nuestro país, en el cual, por cierto, no se es capaz aún de saberse a ciencia cierta cuándo y en dónde se jugó este deporte por primera vez en la historia. Son 97 años que fuerzan al repaso histórico y que no necesariamente arrojan un resultado para el júbilo o el entusiasmo desmedido. Así de entrada diríamos que las buenas no hay sido mucho, más que las no tan buenas.

En su aparcelamiento por etapas, dividimos de 1925 a 1939 el forzado inicio, la prehistoria de los eventos que se quedan como el origen; del 40 al 47, la “Época de Oro”, la irrepetible, la etapa unida a la visión y arrojo de Jorge Pasquel; del 48 al 60, la oscuridad tras la iluminación, lo sombrío de un beisbol que quiso organizarse; la década de los 70, la promisoria, de cuando la LMB se dibujó como un circuito creyente en su potencial y sus esfuerzos de desarrollo, de la mano con el surgimiento de generaciones de peloteros que constituyen, en el recuerdo, lo mejor de la historia; de 1980 a la fecha, la cuesta abajo, el trabajo improbo por salir del enorme bache provocado por la histórica huelga de 1980 y el surgimiento del movimiento de la dignidad, la Anabe.

Así se llega al día de hoy, apenas viendo sobre el hombro, sin casi ver ese pasado no tan remoto en el cual los no tan prohombres (Treto Cisneros como ejemplo, Alejo Peralta como signo) ayudaron a señalar lo que hoy alcanza a ser la pelota de verano.

HUELGA.- Curioso es que la conmemoración del aniversario de la LMB casi coincida con la del estallido de la huelga de 1980, el movimiento que prácticamente se convirtió en el parteaguas en la historia de la liga. Hay claramente un antes y un después de ese 1980, una gran herida que la soberbia y la miopía no han querido curar. Fue la huelga razón y motivo para que, de golpe, se liquidara un estado de cosas en el que, si bien el espectáculo era garantizado, esto se lograba a cambio del sobajamiento del pelotero, de mantenerlo recluido en un régimen en el que estaba sujeto a los caprichos de los dueños de clubes, capitaneados por Peralta, que navegaba entre sus pares como “el rey”, siendo un cacique en toda la extensión de la palabra. 

La huelga fue el golpe del que la LMB no se pudo ni ha podido recuperar. Se perdieron dos décadas en las que no se quiso dar un paso adelante por obra y gracia de haber sostenido al frente del circuito al maquiavélico Pedro Treto Cisneros, cuyo régimen en mucho trazó la duras rutas por las que hoy intenta caminar la liga. Fue en esa época en el modelo de negocios se tradujo en el “todo para mí y para mis cuates”, el de las transas, maromas y baches. Esquema que años más tarde las Grandes Ligas revelaría y sería razón para el infame veto que hoy, de una manera u otra, sigue vigente. De ser “asociada” a ser una liga independiente.

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