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Opinión

«Condenados» a la Libertad. Parte 3

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Por: José Luis Cristerna, chef

¿Cómo entender los caminos de la libertad? El filósofo Javier Prado Galán, S. J. dice al texto en una de sus obras: "Vivimos un momento de malestar cultural. Se suele hablar de crisis cuando hay una desintegración de las instituciones sociales y se siente amenazada la identidad social. Nuestra cultura está en crisis…la juventud actual se encuentra en un estado de inestabilidad que amenaza con prolongarse. Es imperativo cambiar de actitud…En lo que respecta a la ética social o política, estamos llamados a no ser idiotas, a no aislarnos, a participar en la polis, a meternos en política en bien de la comunidad…para dar con la clave de la felicidad y de la realización humana". Para tender un puente entre hacer lo que nos gusta y la libertad, la mía, pero sobre todo la esos que no soy yo, habrá que formar la conciencia crítica de los jóvenes para que cada uno resuelva su vida, a riesgo de continuar siendo imbéciles, a riesgo de necesitar bastón, a riesgo de no tener conciencia moral propia. La libertad es una cuerda floja que se estira entre la exclusión de las necesidades personales y la emergencia de la felicidad de los demás. Decidir ser libres no es cuestión de saber, es cuestión de querer: la medida de la libertad de nuestros actos es también la medida de nuestra responsabilidad. La libertad, según Lonergan, S. J., es una clase especial de contingencia que emerge cuando el espíritu humano se encuentra en armonía. Somos libres cuando dejamos de necesitar el báculo porque desarrollamos la inteligencia, la reflexión y la criticidad, sustentadas en una voluntad moral definida por las suplicas de amor que captamos en el rostro de los demás. Es necesaria la construcción de puentes humanizadores que nos permitan volver a hacer habitable esta «aldea global». ¡Millones de pobres, cada día más pobres, tocan a nuestra puerta! Junto con ellos llegan los muertos de hambre, los sin trabajo o sin oportunidad de estudiar, los que no pueden vivir ni en su propia tierra, en fin, todos allunísono ¡suplicando acariciar los aires de la libertad!

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