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Congresos fallidos

GUASAVE

Guardada la debida proporción, que dicho sea de paso, no es mucha, los diputados locales resultan ser un símil en miniatura de lo que representa política y jurídicamente una de las partes del Congreso de la Unión y dentro de ese contexto su figura es parte de la estructura orgánica de gobierno.

Bajo esa circunstancia, aun cuando en la práctica la función parlamentaria de Sinaloa al igual que la federal está supeditada en el terreno de los hechos al Poder Ejecutivo correspondiente, en teoría sólo sirven para disimular el sofisma de la pluralidad y democracia, conceptos tan de moda en estos tiempos.

Los diputados locales y sus homólogos nacionales justificarían su presencia en el engranaje del poder público si sus conductas como representantes populares no fuera de "mentiritas".

Fueran necesarios si asumieran la actividad para la que fueron electos, con estricto apego a las facultades que les confiere la Constitución, en lugar de ser lo que son, simples comparsas de las decisiones del Ejecutivo, en el mejor de los casos, porque también son ninguneados por funcionarios de gobierno, verbigracia las insulsas comparecencias.

No les falta razón a los que opinan que los diputados, cualquiera que sea su color partidista o nivel representativo, no desquitan lo que se les paga.

Es verdad que tampoco justifican su existencia jurídica, porque no quieren ejercer su capacidad con los instrumentos legales de los que dota la ley, para influir en decisiones que permitan un buen gobierno, por lo que desde esa perspectiva son camarillas políticas que salen sobrando.

Y tan no hacen falta que no en balde existe el proyecto en las reformas políticas de empezar a desahijar la gorda burocracia diputadil que eso y no otra cosa son los congresos, suprimiendo en principio a buen número de legisladores plurinominales.

Y es que, evidentemente son remoras. A pesar que entre las obligaciones de los congresistas está vigilar el exacto cumplimiento de las disposiciones de las administraciones públicas y hacer leyes para el bien común, es un trabajo en el que fallan estrepitosamente. A veces lo hacen, sí, pero en función a intereses personales y no de la representatividad que les entregó el electorado.

Otra omisión en la actividad (o inmovilismo) de los diputados es la referente a sus deberes de inspeccionar y vigilar los ramos administrativos, sobre todo en lo que hace al manejo de los recursos públicos, pero también tomar las medidas para que el gobierno se sujete a las normas éticas, morales y honestas a las que obliga el ejercicio del poder público.

La mitomanía de los legisladores que se creen imprescindibles para la vida política del país llega al grado de tomarse en serio aquello de que son una necesidad política y moral ofreciéndose como contrapeso al Ejecutivo, lo que es una soberana mentira, diciendo además que realizan una labor intangible.

En lo particular pienso que los conceptos que de ellos mismos tienen, están invertidos. Más que una necesidad política y moral, son un mal innecesario, en consecuencia inmoral. Quizá en lo único que atinan es sobre su "trabajo intangible", que efectivamente lo es, tanto que ni se siente ni se nota.

Más bien a los congresos, los diputados, del PRI, PAN, PRD y demás que son satélites de estos tres partidos y del propio gobierno, los definiríamos como "una entidad de lujo", no en el erróneo significado de excelencia que la palabra pudiera tener, sino en su real acepción: la del exceso, el oropel, el despilfarro y relumbrón que se le asigna a todo aquello que es decorativo y caro, pero que finalmente no sirve para nada.