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Conocimiento empastado

DESDE LA CONFRATERNIDAD

En una breve pero sustanciosa charla entre amigos que amamos la ciencia, salió la frase "conocimiento empastado" para describir a los libros en general, y para hacer notar que hay muchísimo conocimiento entre sus pastas y que ahí han permanecido por bastante tiempo, y que seguramente permanecerán ahí por muchos más años, ya que lo difícil es convertir las ideas en acciones que reditúen beneficio para los humanos. O sea, convertir un conocimiento etéreo en productos o servicios que mejoren la calidad de vida de los humanos. Sin embargo, es saludable entender que la ciencia no termina en la puerta de los laboratorios, debido a que la vida está repleta de ricas historias de vida, con sus héroes y antihéroes. Uno de mis maestros (aprovecho para rendirle homenaje por su próximo día) me dijo en forma coloquial que necesitábamos "bajar del macho a la ciencia", tratándome de explicar que ya era tiempo de que le quitáramos el halo de misterio que tiene y que la convirtiéramos en algo común y corriente que tenga posibilidades de que la entendamos todos los humanos. Incluso, creo que la deberíamos convertir en algo agradable con buenos tintes de humor. Afortunadamente me he encontrado con algunos libros (ciencia empastada) que me han llevado a entenderla y a pasar buenos ratos de alegría por el gran humor con que están escritos. Preguntas como la siguiente: ¿qué leyes científicas nos permiten funcionar en nuestra vida cotidiana?, nos puede hacer que es un tema para grandes científicos con grandes títulos y por lo tanto decir: ¿esto no es para mí. Error, craso error. Ya que Len Fisher, al cual no sé si calificarlo como humorista o científico, escribió un tratado de muy altos vuelos para responder la anterior pregunta, cuyo título es francamente encantador: "Cómo mojar una galleta. La ciencia de la vida cotidiana", en donde su objetivo es que, así como los científicos a lo largo de la historia han ido desvelando algunas de las leyes más ocultas de la naturaleza mediante la exploración de los fenómenos cotidianos, así también nosotros podemos utilizar las leyes de la naturaleza para entender y mejorar el vivir cotidiano de actividades como cocinar, mantener limpia la casa, hacer deporte, e incluso el aparente simple acto de mojar una galleta en una taza de café con leche. Max F. Perutz escribió otro libro del mismo género, que tiene las cualidades de tener calidez, humor, estilo y ni una sola oración insulsa. Es ciencia empastada que se disfruta y que una vez enganchados en ella se vuelve irresistible a leer y a gozar. Y por si fuera poco, La ciencia por gusto. Una invitación a la cultura científica, de Martín Bonfil Olivera, invita a practicar la ciencia por placer. Sus páginas se parecen más a una plática de café que a un tratado, ya que el autor no da explicaciones detalladas de teorías científicas, sino que charla amenamente acerca de cómo funciona la ciencia, qué hace, para qué sirve y qué visión ofrece del mundo. Es un libro que entiende la ciencia como una actividad y un punto de vista que conviene compartir por el gozo que puede provocar, tal como uno comparte los discos, que ahora se dan en llamar "cd´s", o las novelas que más nos gustan. Para terminar, existe otro maravilloso libro sobre ciencia aplicada que Rupert Sheldrake tituló: Siete experimentos que pueden cambiar el mundo. Una guía para revolucionar la ciencia, que dice en primer lugar que "la ciencia es para disfrutarse, ya que a través de experimentos bien diseñados uno puede hacerle preguntas a la naturaleza y recibir respuestas de ella", y que no cuesta gran cosa, agregaría yo. Aparte de ser un libro entretenido, es un libro audaz y de propuesta, porque invita a todos a ir más allá de las fronteras actuales de la investigación, ya que se podría revelar mucho más sobre el mundo de lo que la ciencia se ha atrevido a concebir hasta ahora. Cualquiera de estos siete experimentos, dice Rupert, de tener éxito, abriría unas perspectivas nuevas, útiles y desconcertantes, porque consideradas como potenciales de la humanidad se podría revolucionar nuestro modo de entender la naturaleza y a nosotros mismos. Desgraciadamente en nuestros centros de estudio se acumula conocimiento que se empolva en las bibliotecas y ahora en las memorias de las computadoras o de algo, que no sé qué es, que tiene tres "dobles u" pegadas seguidas de un punto. Sacar a la ciencia de las pastas para convertirla en conocimiento no es tan difícil como se cree, y en cambio sí es tan apasionante cuando se "baja del macho".

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