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GUASAVE

Aunque todavía faltan como dos años para elegir al siguiente gobernador, a veces uno se pregunta sobre qué tan dispuestos estarían los sinaloenses a refrendar su voto de confianza para que el PAN conserve la posición.

Es difícil sin duda aventurar un juicio en torno a eventuales resultados de los comicios estatales, sin correr el riesgo de meternos en los terrenos de la desorientación informativa o por lo menos incurrir en equivocaciones.

Por lo demás, la condición humana es muy afecta a la veleidad y la inconciencia, lo que hace imposible conocer a destiempo, en función de qué actuarían los sinaloenses al momento de decidir a qué partido entregarían su voto.

Por otra parte sería una arrogancia periodística opinar por los ciudadanos sobre criterios personales, desplantes soberbios a los que son muy dados los hombres del poder público. ¿o acaso no son estos los que piensan, deciden y actúan por la mayoría de los electores?

Por los antecedentes de los tres últimos años de gobierno y según empiezan a sugerir las encuestas sobre el tema de tendencias, bien podríamos coincidir con ellas en el sentido de que el PRI, como partido, hasta ahorita lleva ventaja en su intención de recuperar la gubernatura, lo que antes tendría que pasar por el éxito de las elecciones para diputados federales.

Los analistas avezados en esos asuntos pronostican el regreso del priismo al poder en el estado, como ya lo hizo a la presidencia de la república, en principio, porque el panismo ya no tendrá otro líder carismático y popular como Mario López Valdez.

Otro handicap a favor, afirman, son los recursos financieros que bajarán desde Los Pinos para la campaña, amén de su aceitada estructura de operación política, a lo que habría que añadir la profunda decepción social que existe por estos tres años y que no se espera, el PAN o su gobierno pueda borrar en lo que queda de mandato.

Sin embargo, no por el hecho de admitir que a tres años de la sucesión, los priistas están en mejor tesitura que los del PAN, para obtener la mayoría de votos, se debe perder de vista, por elemental rigor periodístico, que el tema hay que abrirlo al análisis y contribuir a que la sociedad tenga una concepción clara y precisa para bajo esa óptica establezca su propio criterio.

La situación, que aun cuando el PRI en Sinaloa parece estar recuperándose, lo evidente es que también los aspirantes del PAN de aquí a la fecha de las elecciones, por comodidad, miedo, convicción, presiones o inercias, puedan despertar, como lo hizo hace cuatro años cuando lo derrotó, un clima de verdadera competencia que de nuevo lo ponga al borde del despeñadero.

Lo que pasó en el 2010, cuando surgió el signo de apertura electoral en los ciudadanos, debería tener para el priismo una connotación de "alerta roja" para no confiar en que la decepción que guardan los sinaloenses del actual régimen panista, será la que los arroje de nuevo a los brazos del tricolor.

Otra: una persona que hace muchos años fue figura de la política estatal y alejado por muchos años de la actividad, preguntó como no queriendo la cosa: ¿oigan y quiénes son los que quieren ser candidatos a gobernador por el PRI y el PAN?

Asumiendo que era una pregunta propia del desconocimiento de alguien que en verdad no sabía, se le dio santo y seña de los pretensos.

Se quedó serio y dijo: "yo conozco a otros mejores" y tras unos segundos de silencio remató, con un "pero la verdad, no sé si ya salieron del bote". Sin comentarios.