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Conquista espiritual

Siendo semana santa, no está por demás una anécdota sobre los orígenes de la cristianización en México. Eran muy pocos los clérigos llegados a las tierras conquistadas para la cantidad de almas que había que salvar (pese a la mortandad provocada por las enfermedades importadas de Europa).

La conversión al cristianismo registró pocos avances en los primeros años, por lo que Motolonía se quejaba; "anduvieron los mexicanos cinco años muy fríos". Cabía primero destruir la idolatría y los templos paganos para convertirlos en lugares cristianos. Los monjes se allegaron de niños y jóvenes arrebatados a sus padres, para adoctrinarlos en la nueva fe, como hacía Savonarola con la niñez florentina. El propósito de tal estrategia era "quitar de raíz tan mala memoria, les tomamos todos los niños, hijos de caciques y principales por la mayor parte, cuanto pudimos para criar e industriar en nuestros monasterios" y se esperaba fueran "gran parte para la conversión de todos los otros". Según Fray Jerónimo de Mendieta les decían a los indígenas: "Es necesario... que vosotros nos déis y pongáis en nuestras manos a vuestros hijos pequeños, que conviene que sean primero enseñados... porque vuestros hijo, como niños y tiernos de edad, comprenderán con más facilidad la doctrina que les enseñemos. Y después ellos a veces nos ayudarán enseñándoos a vosotros".

Los jóvenes conversos lo fueron con tal fanatismo que salían a destruir los ídolos indígenas y denunciar a los sacerdotes que continuaran celebrando los antiguos ritos. Bastaron seis años para destruir cerca de 500 templos y quemar más de 20 mil "figuras del demonio". Para el adoctrinamiento, se recurrió a las puestas en escena y elaboración de pinturas, y composición y aprendizaje de música, todo con motivos religiosos que fueran familiarizando a los indígenas con los textos bíblicos. Enseñaron a algunos el arte de la pintura, escultura y música para que de ellos mismos surgieran nuevos frescos y figuras y cánticos con aroma cristiano, y lo hacían con tal destreza que, dice Motolinía: "Los españoles que han visto la capilla dicen que es de las graciosas piezas que de su manera hay en España".

Pero quizá más eficaz en la evangelización fue la persecución y ejecución de quienes eran sorprendidos practicando los viejos rituales. Se llegaron a practicar cientos de autos de fe contra paganos remisos "que están todavía con sus ídolos y los esconden cuanto pueden". Como ocurrió con los judíos y moros conversos en Europa, muchos indígenas vieron la urgencia de ser tomados por cristianos y empezaron a apiñarse en las pocas iglesias que había para recibir el bautizo. "Andan de un confesor en otro, y de un monasterio en otro, que parecen canes hambrientos que andan buscando y rastreando comida", comentaba Motolinía. Sólo en 1531 se registró un millón de bautizos, y nueve millones en total a lo largo de quince años. Un precedente de eso había ocurrido en España con los moros y judíos conversos, tras la caída de Granada.

Cosa distinta es que entendieran a cabalidad los parámetros teológicos y doctrinarios de su nueva fe. Desde luego, no todo era por la salvación de las almas de los indígenas, sino que también había por ahí una veta económica para la Iglesia. Por ejemplo, un comerciante inglés que por acá andaba, John Chilton, recriminaba la venta de las indulgencias, como se hacía en Europa: "Los frailes en sus sermones persuadían a los pobres indios que tomasen esas indulgencias, diciéndoles que con dar cuatro reales por una misa, librarían del purgatorio aquellas almas... Arreglada de este modo la renta de las bulas, produce anualmente al tesoro más de tres millones de oro... últimamente (los indios) rehúsan tomar bulas, porque ven que se convierte en un tributo anual".

Quizá estas rentas ayudan a explicar la prisa por evangelizar tantos indios como se pudiera en el menor tiempo posible. Cada alma a salvar podía dar muy buenos dividendos.

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