Opinión

Consecuencias

PISTA DE DESPEGUE
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Por: Agustín Galván

En su quinto largometraje, Night Moves (2013, Estados Unidos), la cineasta y guionista norteamericana Kelly Reichardt (1964, Miami) repasa ese viejo y tan referido dicho que dice que: el camino al infierno está plagado de buenas intenciones.

Dena (Dakota Fanning) es una adinerada joven new age que trabaja en un spa naturista, mientras que Josh (Jesse Eisenberg) es un melancólico joven que trabaja en una granja orgánica. Ambos centran su atención en una presa en el río Santiam en el corazón de Oregon. Resulta que dicha construcción quizá ha sido de mucha ayuda para las ciudades cercanas, contribuyendo con la producción de energía eléctrica y con el suministro de agua potable, pero lo ha hecho con un alto costo: ha matando a casi todos los peces que vivían en el río. Por tal razón ese par de jóvenes se alía con Harmon (Peter Sarsgaard), un ex-marine y ahora eco-terrorista que vive en las cercanías, para dejar en claro que ningún beneficio humano justifica el poner el peligro un ecosistema. Experto en explosivos, Harmon armará una potente bomba casera que los dos jóvenes transportarán hasta el dique de la presa a bordo de un bote llamado Night Moves. La cinta da cuenta primero de todo lo que hace ese par de jóvenes para comprar todo lo necesario para armar la bomba sin que las autoridades los detecten, para luego mostrarnos los resultados de dichas acciones.

Reichardt deja claro desde ese genial primer acto que a ella ni le importa señalar la posible corrupción que rodea a esa presa ni cuestionar a lo radical que se han vuelto algunos grupos ecologistas. Lo que a ella le importa son los personajes.

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Porque Night Moves se centra en ese par de eco-terroristas-en-construcción llamados Dena y Josh. Los vemos, los escuchamos, los acompañamos, pero vaya que resulta difícil comprenderlos. A diferencia del apasionado -y algo enloquecido- Harmon, todo lo que realiza ese par de jóvenes parece operar en automático.

Conviene recordar que en cada cinta de Reichardt la premisa acaba siendo siempre el pretexto para realizar un agudo estudio de sus personajes principales. Ya sea esa otra joven, Wendy (Michelle Williams), que un día decide largarse a Alaska dejando todo atrás menos a su perra Lucy, pero que termina atascada en un pueblo del que nunca había escuchado (algo que sucede en Wendy and Lucy del 2008), o ese par de amigos, Kurt (Will Oldham) y Mark (Daniel London), que buscando dejar atrás sus problemas cotidianos se van a acampar al bosque sólo para descubrir que no son tan cercanos como pensaban (algo que sucede en Old Joy del 2006). Los personajes de Night Moves, planteados por ese guión co-escrito por Reichardt con su usual colaborador Jon Raymond, siguen la senda de esas almas en fuga que lejos de representar algún estereotipo, lo que buscan -y quizá fracasen, pero qué importa- es mostrarnos el alto costo del comportamiento humano.

Lo dice uno de los amigos de Josh en la película: hay más de diez presas en ese río ¿Qué caso tiene volar una? Él podría haber respondido sin problema: Al menos hicimos algo. Pero no es necesario que lo diga: lo entendemos. Esa es la lógica que Reichardt le imprime a Night Moves. Una lógica que conviene tener presente para cuando se desarrolle el tercer acto.

Porque solemos olvidar que siempre tras ese: al menos hicimos algo, lo que resta no es el silencio. Son las consecuencias.

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Y rara vez se cuestiona tan certeramente como en Night Moves, si todo aquel que lanza la frase: al menos hicimos algo, verdaderamente está preparado para afrontar dichas consecuencias.

Twitter: @duendecallejero