Opinión

Contraste

EDUCACIÓN, HOY

Por: Marcos Miranda Gil

Todos los esfuerzos creados por el hombre para mejorar la educación hasta el día de hoy han sido insuficientes, pues siempre falta algo por hacer y nunca se logra satisfacer al 100 por ciento las ansias por obtener un excelente nivel en este aspecto. La tarea es, además de imposible, infinita e ilimitada, pues a diario surgen nuevos retos a vencer y novedosos obstáculos por superar. De pronto, la espiral en la que se mueve todo el mundo educacional pareciera ser un torbellino abstracto capaz de marear al más sensato y confundir al más cuerdo; pero el asunto es relativamente complejo, porque la educación, en pocas palabras, es un proceso, en primera instancia, humanizador y gradual en su desarrollo. Muchos quisiéramos que la educación se reflejara más rápido en los comportamientos o actitudes de todos los que supuestamente han sido beneficiados con este privilegio humano, pero es prácticamente nulo el efecto en lo inmediato. En realidad, la educación cuesta mucho, porque sus resultados son lentos y asimétricos. De entrada, no todo el que va a la escuela se educa, y en esa línea, no todos los que deberían de reflejar la educación recibida son capaces de compartirla. Ese laberinto siempre regresa al punto de partida, pues se sigue insistiendo en la necesidad de mejorar la educación en todos los niveles y todos los minutos de todos los días. En el discurso nunca hay problemas que no se puedan resolver; en teoría, cualquier asunto relacionado con la falta de educación, tipos o necesidades de esta, son elementales y subjetivos, más en la práctica, cuando de frente miramos alumnos que no cumplen con sus obligaciones mínimas, leer y escribir bien, por ejemplo, o niños y jóvenes en edad escolar que por su manera de hablar parece ser que nunca han pisado una buena escuela o han vivido incivilizadamente, es entonces cuando concluyes que hablar de educación es hablar de contrastes para toda la vida.

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