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Conversaciones con un viejo periodista

POLIARQUÍA

El día que me encontré con él, le llevé a regalar un libro que pensé, sería de su agrado. Y lo fue, pero ya lo había leído: "Sostiene Pereira", de Antonio Tabucchi.

Era un reconocido periodista que gozaba de prestigio en el gremio, pues varios de sus discípulos ocupaban cargos directivos en los diversos medios y en las áreas de comunicación social de la administración pública.

Le había visto con frecuencia en el Café Miró, pero nunca me atreví a interrumpir su desayuno solitario. Y creo que lo agradecía. Bueno, eso hasta que un amigo en común me lo presentó y quedamos que uno de estos días conversaríamos.

Eso sucedió un miércoles en que Brasil había perdido 7 a 1 con Alemania en su mundial de futbol y creí podría ser un buen inicio para la conversación. El tema despertó su interés de inmediato. Lo que vino después fue prácticamente un monólogo.

El futbol se parece mucho a la política y al periodismo, comenzó. Son actividades que tienen sus momentos de esplendor y de gloria, pero también su decadencia. Tarde que temprano llegan. Son inevitables. Seguramente usted piensa que es una locura lo que estoy diciendo. Pero no es así.

Yo empecé en el periodismo cuando aquí había un solo periódico y dos radiodifusoras. Éramos dos reporteros y nos dividíamos las fuentes. A mí me tocaba cubrir desde la policiaca hasta la de sociales. Con nostalgia le confieso que eran otros tiempos. Pasaban semanas sin que hubiera un homicidio. Algunas veces inclusive, la nota roja se llenaba con el robo de bicicletas o con los borrachos que armaban escándalos en las cantinas.

En el periódico había sólo dos teléfonos: el de la redacción y el del jefe. El jefe casi nunca estaba porque siempre andaba reuniéndose con políticos. Era una persona muy importante. Nosotros trabajábamos casi de memoria. No crea usted que había grabadoras. Cada quien llegaba con su libretita y ahí apuntábamos todo. Una vez por equivocación atribuí declaraciones a un funcionario que nunca entrevisté y que luego le costó el puesto.

Pero le decía del futbol, la política y el periodismo. Nadie vive siempre momentos de gloria. La suerte se acaba un día. Y a Brasil se le acabó ayer. Y se le acabó también las ganas. Creyeron que con la pura fama iba a asustar a sus rivales. No. Uno debe de estar consciente que como decía Maquiavelo, se necesita fortuna y virtud. Pero primero fortuna. Y lo digo porque fue mi caso.

Como usted sabe yo soy originario de un municipio del sur. Un día estaba entrevistando al señor gobernador cuando entró de improviso un compadre de él, reclamándole por qué iba de candidato uno de sus enemigos. Discutieron delante de mí. Se dijeron muchas cosas y al final el gobernador le gritó: primero pongo de presidente a éste, o sea yo, antes de poner a ese que tu quieres. El compadre del gobernador lo retó: pues pon a quien tú quieras.

Y ya sabe cómo es esto. Tuve que hacer yo mismo la nota en que el partido, el único que había en ese tiempo, me postulaba a mí como su candidato. Así fue como me hice presidente municipal. Ya le contaré lo que viví en ese cargo, si es que le interesa.

Después de eso, no volví a ocupar otro cargo público. Terminé por volver al periódico a hacerme cargo de la dirección de información. A los años me convencieron de que debía regresar y regresé como candidato a diputado pero perdí. Lo volví a intentar años más tarde y volví a perder. Y luego ya me dediqué al periodismo de donde nunca debí haber salido.

[email protected] twitter: @guadalupe2003