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Convicción o compromiso

El mal que se avecinaba pocos creyeron necesario combatir. Hoy, si no vivimos en un caos, estamos muy cerca de él. En un afán por ser políticamente correctos hemos comprometido nuestra manera de pensar para aceptar prácticamente cualquier cosa. Peter Marshall, ex-capellán del Senado estadunidense, dijo en 1947 que la nación tenía estas alternativas: “convicción o compromiso”, “disciplina o desintegración”.

No había términos medios. Lo que dijo entonces a la nación aplica hoy para todo el mundo. La libertad de que hemos gozado la hemos convertido en libertinaje. Haciendo de lado las convicciones, hemos hecho compromisos para que cada quien haga lo que quiera. Es lo políticamente correcto.

No hemos seguido la disciplina que el buen juicio dictaba, y estamos al borde de la desintegración social. Las nuevas generaciones catalogan como anticuadas aquellas normas, que, si bien no nos dieron una sociedad perfecta, si nos dieron un ámbito en que podíamos vivir con respeto y seguridad.

En cambio, en esta época de relativismo moral, medio mundo hace como quiere sin consideración por otros. La eutanasia, el aborto, y el terrorismo son muestra de ello. La drogadicción, el alcoholismo, el adulterio, y la transa campean.

Así lo cantó Frank Sinatra, “A mí manera”, y cosechó los frutos podridos, para terminar sus días con una mente ida, y acomodando constantemente las sillas alrededor de su alberca. Hoy esta sociedad es producto de la generación de ayer, y la sociedad de mañana será producto de la de hoy.

Una que se ha corrompido con el lavado de cerebro. Casi todo se permite. Casi, porque, ¡Ah!, que sus convicciones no le hagan pararse firme para defender lo que es correcto pues eso no se tolerará.