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Corrupción y ajustes políticos

GRAN ANGULAR

Dos casos recientes de corrupción muestran la manera en que ese cáncer de la vida pública sólo se enfrenta —sin mucha eficacia, por lo visto— cuando lo requiere algún ajuste político de cuentas.

Nos referimos al fraude cometido contra Banamex por Oceanografía desde el tráfico de influencias con que la naviera obtuvo millonarios contratos de Pemex de los dos gobiernos federales del PAN; y al cochinero en la construcción de la línea 12 del Metro y el alquiler, a sobreprecio, de los trenes con que opera, en que incurrió el gobierno capitalino perredista de Marcelo Ebrard. Es así que frente a las desgracias del blanquiazul y el negro-amarillo, el PRI se ha erigido con soberbia inocultable, en el justiciero de la corrupción que tan bien arraigó en nuestro país.

Al momento de redactar esta columna, la PGR aún no confirmaba la detención de Amado Yáñez, presidente y dueño de Oceanografía, presunto responsable de defraudar a Banamex por 585 millones de dólares. Esa es la acusación sin que, hasta ahora, se le investigue por el documentadísimo tráfico de influencias con que lo benefició, durante el gobierno de Vicente Fox, su amistad y negocios con los hermanos Bribiesca, hijos de la entonces primera dama Marta Sahagún; y durante el de Felipe Calderón, sus funcionarios César Yáñez y Juan Camilo Mouriño.

Y la PGR no lo confirmaba porque estaba en espera de que un juez federal obsequiara orden de presentación o de aprehensión que no existía. De hecho, ese fue el argumento esgrimido para no confirmar oficialmente durante horas, que el también dueño del equipo Querétaro y socio de los gasolineros y casineros hermanos Rodríguez Borgio, se había entregado la víspera por recomendación de su abogado Fernando Gómez Mont.

Quizás a estas horas la orden de aprehensión ya exista y la PGR ya haya confirmado que en la SEIDO declara el presunto responsable del más cuantioso fraude a un banco en México del que se tenga registro.

Todo esto, le decía, como parte de ajustes políticos de cuentas.

Y si no vea usted el otro caso en referencia:

Como en política todo lo que parece es, muy difícil será borrar ya de la percepción pública de que el escándalo de corrupción en la línea 12 del Metro es una confrontación entre el gobierno de la ciudad y su antecesor; y de dos grupos de un mismo partido, en este caso el PRD, que se disputan su control. Pero también es, presumiblemente, el cobro de una venganza entre grupos políticos que se agravian y siguen agraviándose entre sí.

Ahora que, si es así pero se aclara qué ocurrió y se castiga a los responsables del escándalo, muy bien. Pero si el asunto se queda en lo político, y de esa manera seguramente en la impunidad, doblemente grave que sea resultado de una estrategia calculada con fines vindicativos y/o destructivos, entonces el asunto se torna doblemente grave.

Los consorcios constructores de la línea 12 se han deslindado del problema y por lo menos incurrieron en la irresponsabilidad de no denunciar que hubo ajustes de última hora, cumplidos e incumplidos, en las dimensiones de la obra por el tipo de trenes a contratar.

En tanto, el presidente de ICA, Bernardo Quintana, dijo el jueves pasado que no debieron ser cerradas 11 estaciones de la línea 12, que sus problemas no eran para tanto y que más bien se decidió así para dar un espectáculo político.

El empresario sugirió así que Joel Ortega (y con él el jefe de gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, están haciendo lo que hacen para vengarse del ex jefe de gobierno Marcelo Ebrard y limitar sus posibilidades políticas a corto y mediano plazos.

Venganza porque no debe olvidarse que Ortega, siendo secretario de Seguridad Pública del DF, fue cesado por Ebrard, entonces su jefe, por el fallido operativo policiaco que derivó en la muerte de varios jóvenes en la discoteca New's Divine.

Y respecto a lo planeado para limitar el futuro político de Ebrard, para nadie es un secreto que el ex jefe de gobierno pretende la dirigencia nacional del PRD y una posición en el Congreso, de cara a su ambición de ser el candidato presidencial de la izquierda, pero apoyado por grupos con los que no simpatiza la actual dirigencia chucha y el doctor Mancera.

Todo esto es lo que se mueve en el escándalo del Metro, y lo peor que podría pasar es que el asunto sólo quedara en lo político y la evidente corrupción del caso sin castigo.