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Costoso padecimiento por venta del sufragio: aprovechamiento denigrante contra los pobres

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Históricamente la construcción de las mayorías en México y el sostenimiento del propio Sistema Político Mexicano, se debe principalmente al aprovechamiento de los pobres con la compra y coacción del voto y al juego de la esperanza de que los rescaten de su situación de pobreza, a través de discursos demagógicos, es decir, mediante el engaño.

Los compradores del voto, que son los partidos políticos que abusan de la situación de pobreza, tienen como contraparte, a enorme cantidad de vendedores, que son los pobres.

Con su venta del voto, a estos se les resuelve por un solo día su hambre, pero la mayoría de las veces quedan condenados a padecer gobiernos corruptos e ineficientes durante seis o tres años, quienes muchas veces hacen gala del uso de la violencia para sofocar a los disidentes, o haciéndoles vacío. En otras palabras: eliminándolos o ignorándolos. De ese tamaño es la soberbia con que se conducen cotidianamente.

Esto último dicho al margen de ideologías patológicas, sino surgido desde las entrañas del ámbito académico, producto de investigaciones científicas de los comportamientos políticos y sociológicos, que se han manifestado y se manifiestan en nuestro país, y desde luego aquí en Sinaloa.

De ahí la importancia y necesidad de ir construyendo poco a poco lo que se llama ciudadanía. Esta, en lo cualitativo, debe partir de la práctica de valores éticos universales en la actividad humana denominada política, es decir, de todo quehacer democrático, para que lo que suele llamarse política y democracia práctica, lo hagan con la decencia requerida.

En todo ello hay que tomar en cuenta que los ciudadanos de carne y hueso ya están hartos de soportar gobiernos muchas veces indecentes e ineficaces, que salen debiendo enormes saldos negativos a la población en su conjunto, especialmente a los que menos tienen, que son a quienes elección tras elección se les compra el voto, abusando de su situación o burlándose de ella en el fondo.

Para demostrar lo anterior, sólo hay que salir a la calle y platicar con el taxista, el peluquero, el bolero, el albañil, el jornalero agrícola, la ama de casa, el estudiante, el profesionista, el comerciante, el campesino, el agricultor. En fin, con todo el conglomerado social, sobre todo con los más pobres, con la gente de a pie, a quienes elección tras elección, los visitan brigadas para comprarles el voto, para aliviarles el hambre por un día, aunque la sigan padeciendo todo un sexenio o trienio, o mejor dicho, sexenio tras sexenio o trienio tras trienio. De tal manera que en la práctica, al final les resulta muy costoso, porque la continuarán padeciendo toda la vida, si no le otorgan el verdadero valor a su voto.

Así que es necesario ir construyendo gradualmente esa ciudadanía que tanta falta hace, y ser prácticos en nuestro quehacer académico, no sólo simuladores. Hagámoslo con ética y congruencia auténtica.

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