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Crimea: ¿la autodeterminación de los pueblos?

La crisis en Crimea no sólo revive el espíritu de la guerra fría, la mayor tensión entre Rusia y Estados Unidos desde hace 25 años, sino que en sí mismo entraña una pregunta de difícil respuesta, de cara al derecho internacional, pero también del interno de los Estados y el de sus pobladores.

¿Puede una comunidad que no se sienta identificada al conjunto del Estado —al que formalmente pertenecen— tomar la decisión de separarse y, en su caso, anexarse a otro país con el cual sienta mayor identificación étnica, cultural e histórica? Crimea, con población mayoritariamente rusa, se siente ajena a Ucrania e incluso consideró como afrenta histórica haber sido "regalados" por Nikita Krushov a Ucrania en el año 1954. Simplemente están regresando a su estado natural e histórico, o así lo considera el 95% de crimeos.

Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos nos dicen que no, que los crimeos no tienen ese derecho. Pero ya les han sido recordados otros casos en los que esas mismos organismos y Estados han dado un sí por respuesta. Cristina Kirchner de Argentina, por ejemplo, ha recordado la doblez de Estados Unidos e Inglaterra en las islas Malvinas, a cuya población angloparlante les permitieron celebrar un plebiscito para decidir su pertenencia a la Gran Bretaña, pese a estar a miles de kilómetros de distancia. Se ha recordado también el plebiscito que permitió la autonomía a Kosovo.

Me parece que en términos democráticos una comunidad, en efecto, tiene el derecho de decidir su autonomía política respecto de un Estado con el que, por las razones que sean, no se siente identificada. Pero a ello se opone una razón de Estado, más pragmática que democrática y que interesa principalmente a una abstracción estatal, o a los pobladores que mayoritariamente extraen algún provecho de la incorporación forzada de otra comunidad, de nacionalidad, cultura y quizá lengua distintas. Suele ocurrir que los deseos de autonomía responden no sólo a una identidad nacional distinta, sino que la comunidad autonomista siente que es explotada de una u otra forma por el Estado al que formalmente pertenece. Y por ello tales Estados suelen utilizar la fuerza militar para mantener la pertenencia de la comunidad que busca su autonomía. Y por ello también los movimientos independentistas recurren a la violencia o al terrorismo, al que consideran como legítima respuesta frente a la violencia oficial de la que son objeto. Cosa distinta es cuando esa propia comunidad está dividida, queriendo algunos seguir perteneciendo al Estado actual y otros buscando su autonomía. Pero eso debiera resolverse por plebiscitos y consultas, como la de Crimea en esta ocasión (y cuyo abrumador resultado y participación no dejó lugar a dudas). Pero ¿no tienen derecho los vascos a ser autónomos, o los catalanes, o los quebequenses en Canadá, o los escoceses, o los habitantes del Punjab en India? Me parece que sí. Y yéndonos más atrás en la historia, ¿no consideramos como legítimas las luchas latinoamericanas por cobrar autonomía respecto de una metrópoli expoliadora y con la que no había plena identificación cultural, étnica o idiosincrática? ¿No ocurrió otro tanto con las colonias norteamericanas en 1776?

Más trabajo nos cuesta reconocer lo mismo en el caso de Texas, considerado como un ardid del gobierno norteamericano para arrebatarnos ese territorio. Pero en estricto sentido, tanto las autoridades españolas como después las mexicanas abandonaron esa región a su suerte, fomentando incluso su poblamiento por gente de origen anglosajón en vez de hispanoparlante. Vicente Guerrero incluso dio en 1829 marcha atrás en un intento por abolir en Texas la esclavitud como en el resto del país, ante el enfado de los plantadores anglosajones que ahí residían. Cuando ocurrió la separación en 1836, ya la mayoría de los colonos eran angloparlantes. ¿No era natural que prefirieran separarse de un Estado con el que no se identificaban, para eventualmente anexarse con el que sí había identidad? Originalmente, los colonos texanos no buscaban su autonomía y estaban conformes con pertenecer a México. Incluso reprimieron un intento independentista propiciado por un puñado de vagos y aventureros que declararon el estado de "Fredonia". La gota que derramó el vaso fue la declaración de un Estado centralista que sustituía al federalista. Y entonces —en democrática asamblea— los texanos (con población mexicana incluida, como el propio Lorenzo de Zavala), decidieron su separación de México, ejerciendo su libre derecho a la autodeterminación. Decir esto es una herejía histórica, sin duda alguna, pero es un hecho.

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