Opinión

Criticar a los críticos

ITINERARIO POLÍTICO

Por: Ricardo Alemán

¿Quién, de los periodistas y comentaristas críticos, se habría negado a la invitación para entrevistar, de manera colectiva, a Enrique Peña Nieto? Es probable que pocos habrían rechazado la propuesta, a pesar de que lo ideal en el género de entrevista es el cara a cara; uno a uno.

Y la razón por la que probablemente muchos habrían aceptado —más allá del disfrute propio de la entrevista y de la filiación partidista—, es que la posibilidad de entrevistar a una figura del poder, sobre todo cuando se encuentra en la cúspide como es el caso del presidente mexicano, siempre despierta la tentación profesional de encarar, retar, cuestionar, arrinconar y hasta hacer tropezar al entrevistado.

Sin embargo, a los ojos de una buena parte de ciudadanos —si nos atenemos a las redes sociales—, y de una mayoría de opinadores —según una encuesta arbitraria—, resultó fallida la entrevista colectiva a Enrique Peña Nieto. ¿Por qué?

Resultó poco atractiva, no porque la haya convocado el director del Fondo de Cultura, José Carreño —quien tendrá que dar las explicaciones del caso si es que incurrió en una falta—, y tampoco porque haya sido el pretexto para festejar el 80 aniversario de la editorial del Estado, porque un buen debate televisado sobre la gestión del presidente en turno vale tanto como un buen libro editado por el Fondo.

No, al parecer la entrevista resultó fallida porque buena parte de los ciudadanos y los opinantes vieron una entrevista a modo, poco punzante, harto complaciente y lejos de los básicos críticos del género.

Incluso en el tiempo real que permiten las redes sociales resultó difícil dejar de cuestionar lo que se veía en la pantalla. Por eso, entre otras cosas, esa noche dijimos lo siguiente. "@RicardoAlemanMx. Mmm. Con todo respeto para mis amigos, pero se les fue vivo @EPN ! Les sigue pesando la presidencia imperial! Además el formato no ayuda!". "@RicardoAlemanMx. El presidente @EPN responde poco y no de manera directa a los cuestionamientos. Además, Peña sigue un guión que ni siquiera estudió bien!".

Y es que, en efecto, parece que el problema no está en quién convocó a la entrevista colectiva y menos en el pretexto: el 80 aniversario del FCE. Más aún, el convocante y la oficina de comunicación de Los Pinos seguramente estaban y están en lo suyo; en busca de los mejores espacios en los que el presidente Peña Nieto pueda decir su verdad, exponer su discurso, pregonar sus aparentes o reales logros. Y qué mejor escenario que un puñado de reconocidos periodistas.

No, lo cuestionable, en todo caso, está en la actitud asumida por los periodistas. Y es que salvo dos casos —los de León Krauze y Ciro Gómez Leyva—, el resto dejaron ver que no prepararon con suficiencia el encuentro. Acaso el pecado de la soberbia o la estatura alcanzada los hizo olvidar tareas básicas de preparación para el momento. Sí, dejaron ir vivo al presidente Peña Nieto.

Acaso por la falta de preparación para la entrevista, acaso por deformación profesional o porque al gremio periodístico en general aún le pesa el presidencialismo imperial, todos o casi todos dudaron en atajar al presidente, en contradecir la verdad oficial con argumentos sólidos, con hechos contundentes, que los hay de sobra. Todos o casi todos dejaron que Enrique Peña no sólo dijera sino que luciera su verdad y en no pocos casos los periodistas movieron la cabeza en señal de aceptación.

Se debe insistir en que los estrategas mediáticos de Peña Nieto hicieron lo suyo; buscar los mejores espacios para el presidente. Pero también por eso obliga la pregunta a los periodistas. ¿Ésa es la actitud que los seis profesionales de la entrevista han mostrado en muchas otras entrevistas memorables, que a lo largo de sus carreras nos han regalado? Y la pregunta también va para el moderador; hoy funcionario público, periodista también de toda la vida.

Y vale el cuestionamiento porque a ratos parecía que en lugar de preguntas certeras, puntuales, inteligentes y de argumentos sólidos para contener y bajar al terreno de los mortales al presidente, los periodistas le disputaban al presidente la imagen, la popularidad y el rating.

La gran lección, al final de cuentas, es que al parecer los periodistas no estamos a la altura del nuevo tiempo; de entrevistar de tú a tú al presidente sin temor a las culpas propias, a ser reprimidos o despedidos. Al parecer vivimos atrapados en el miedo a la figura presidencial. Pero tampoco queremos entender que hoy los periodistas somos tanto o más sujetos de la crítica que los hombres y las mujeres del poder. Al tiempo.

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