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*¿Cuándo el amor es verdadero? *La luz de la fe (VIII)

LA VOZ DEL PAPA

1) Para saber. La fe tiene que ver con el amor y la verdad. Creerle a alguien significa que confiamos en él y lo amamos. El hijo le cree a su padre porque confía en él, sabe que le ama y también él ama a su padre. El Papa Francisco afirma que "la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad" (La luz de la fe, n.26). Al creerle a Dios, nos transformamos porque recibimos su amor. Y, a la vez, lo amamos. Pero el amor no es sólo un sentimiento personal, subjetivo, sino que tiene que ver con lo que es la realidad, con la verdad. Solo así será duradero. Muchos problemas matrimoniales vienen de no estar fundados en la verdad, sino en sentimientos y emociones que son variables. Por ejemplo, una persona se puede enamorar de otra porque sus sentimientos le hacen ver a la otra persona con unos valores que le atraen. Pero puede ser que no los tenga, y se da cuenta cuando el sentimiento deja de existir.

2) Para pensar. Se cuenta que un hombre fue a visitar a un psicólogo y le dijo que ya no quería a su esposa y pensaba separarse. El psicólogo después de escucharlo sólo le dijo una palabra: "Ámela". El hombre contestó: "¿No me entendió? Le dije que ya no la quería". "Pues ámela" volvió a decirle y añadió: "Amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es dedicación y entrega. Es un verbo y, el fruto de esa acción es el amor. El amor es como la jardinería: hay que preparar el terreno, arrancar lo que hace daño, sembrar, regar y ser paciente. Cuidar ante sequías, pero no abandonarlo. Ame a su esposa, acéptela, valórela y compréndala. Eso es todo: ámela".

3) Para vivir. Cuando se dice que se es "novio" porque "no-vio", se quiere resaltar que no se ha fijado realmente si los motivos de su enamoramiento son verdaderos. Cuando amamos a Dios, podemos estar seguros de que los atributos en Él, por ejemplo su amor, su misericordia, son reales, verdaderos y mucho más grandes de lo que pensamos. Las personas pueden defraudarnos al no ser como esperábamos, pero Dios nunca defrauda.

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