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Cuando la verdad simplemente no puede ser verdad

Las buenas noticias respecto a la Ley de Servicio Médico Accesible no deberían considerarse discutibles. Las inscripciones realmente están por arriba de la meta; múltiples sondeos independientes muestran una caída drástica en la población no asegurada; el aumento del costo de la atención médica realmente ha caído drásticamente, independientemente de su causa; los recién asegurados, en general, están satisfechos con su cobertura.

Si quiere insistir en que yacen por delante grandes problemas, bueno (pero por favor explíquese), pero hasta el momento los hechos son bastante buenos.

Pero lo que estoy recibiendo (y lo que se recibe uno cada vez que alguien sugiere que las cosas están yendo bien) es una efusión no tanto de desacuerdo, sino de furia. La gente se pone roja de ira, prácticamente al punto de la incoherencia, con la sugerencia de que Obamacare no es un desastre.

¿De qué se trata eso? En parte pudiera ser el "síndrome de trastorno Obama". Me impactó el correo que recibí luego de mi última columna para el New York Times, donde los lectores me acusaron de trabajar a sueldo para el Presidente Obama y de rehusarme a admitir el desastre que ha sido, cuando la columna ni siquiera mencionó al tipo. Obamacare fue una etiqueta fijada a la Ley de Servicio Médico Accesible por sus oponentes, para vincular al presidente con el desastre venidero; ahora ponen el grito al cielo porque la Ley, y la reputación de Obama, están saliendo bien.

Parcialmente pudiera ser odio general por cualquier tipo de programa que ayude a los menos afortunados, especialmente si, usted sabe, resulta que no son gente blanca. Estos programas deben ser desastres; no se moleste con la evidencia.

Y en parte, sospecho, ahora hay un elemento de vergüenza. Si esta cosa de hecho está funcionando, todos los que clamaron que sería un desastre terminan viéndose bastante estúpidos.

Pero a veces las apariencias no engañan.

Esta era de infalibilidad

La estimable Sarah Kliff, de Vox, recientemente tabuló todos los pronósticos de desastre del Obamacare que no se volvieron realidad; subrayó siete temas importantes, desde "el sitio de Internet nunca funcionará" hasta "nadie se va a anotar". Podemos presumir, entonces, que gente como John Boehner, presidente de la mayoría en la Cámara de de Representantes (quien declaró que nunca funcionaría y que serían más las personas que perderían su seguro que las que ganarían uno) ahora están dedicando algo de tiempo a entender cómo es que pudieron haberse equivocado tanto.

¡Día de los Inocentes!

(si, ya sé que estamos en julio)

Supongo que siempre ha habido una tendencia humana por afirmar que estamos en lo cierto incluso cuando estamos totalmente equivocados. George Orwell lo puso claramente en su ensayo "In Front of Your Nose": "El punto es que todos somos capaces de creer cosas que sabemos que no son ciertas, y después, cuando finalmente nos demuestran que estamos equivocados, de torcer los hechos descaradamente para mostrar que tenemos razón. Intelectualmente, es posible llevar a cabo este proceso por tiempo indefinido: el único freno es que tarde o temprano una creencia falsa se topa con una realidad sólida, normalmente en un campo de batalla".

De hecho, si analizamos la completa falta de arrepentimiento de algunos conservadores, hasta toparse con una realidad en un campo de batalla no parece suficiente en estos días. Y me parece que la negación corre aún más profundo de lo que solía.

Probablemente tiene que ver con el partidismo, lo que significa vivir en una burbuja de información y estar tan profundamente comprometido que literalmente no pueden considerarse hechos que no encajen.

Pero es algo digno de contemplar.