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Cuarón y Superbarrio…

Eduardo Galeano, el genial escritor uruguayo, usó una palabra en lunfardo para describir a Superbarrio. Dijo que era un mexicano cualunque, "héroe del pobrerío, que anda por las calles y azoteas de la ciudad de México enfrentando a la policía y salvando del desalojo a unos muertos de hambre; defiende los derechos de la mujer y denuncia en el Congreso Nacional las cochinadas del gobierno". De haber publicado su crónica mexicana algunos años después, Galeano hubiese incluido entre los proyectos de Superbarrio la reforma energética. (Cualunque es "cualquiera", pero también puede tener connotaciones negativas.).

Recién salido del hospital Adolfo López Mateos, donde estaba en terapia intensiva por una neumonía atípica, Superbarrio apareció el 17 de noviembre pasado en el Zócalo. Asistió de motu proprio a un mitin encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas para protestar por la reforma energética.

Ahora Alfonso Cuarón, nuevo héroe popular, asume por cuenta propia la representación del pobrerío para cuestionar al Presidente: "no estoy informado —le dijo— porque el gobierno que usted encabeza no ha compartido conmigo —con nosotros, los mexicanos— elementos indispensables para entender el alcance de las reformas".

Cuarón no es economista, ni legislador, ni tampoco, hay qué decirlo, Premio Nobel. Muchos en la industria no lo consideran cineasta mexicano, porque vive y trabaja desde hace muchos años en el extranjero. Reside en Londres, y produce sus películas en Hollywood, donde se hacen las cintas que dejan dinero. Para efectos de su carta al Presidente se podría decir que es un patriotero más, que tomó por su cuenta la bandera del "pobrerío", en una protesta que ya se está haciendo vieja porque muchos, por razones políticas, la han convertido en una larga cruzada nacional. Todos sabemos quienes están detrás…

Pero no se equivoquen, Cuarón no es un "mexicano cualunque". Vive con la bella, rica y elegante socialité londinense Sheheraza de Goldsmith, conocida por su dedicación al medio ambiente como la Diosa Verde. Él, por su parte, es el ganador del Oscar. Sí, la estatuilla dorada de Hollywood. Por eso El Universal sacó la noticia, que en otros diarios apareció en primera plana, en las secciones de "Espectáculos" y "Farándula". Porque eso es a lo que se dedica el señor Cuarón.

Un mexicano cualquiera no hubiese publicado su carta en los principales diarios, ni ventilado sus preguntas en internet; eso es política o exhibicionismo. No creo que el Oscar dé para tanto. Jared Leto, otro reciente galardonado que no se toma muy en serio, ha desportillado su estatuilla llevándola a parrandas con amigos…

Sin considerar que la economía y la política no son ciencias exactas, Cuarón le exige al Presidente fechas precisas: "¿cuándo bajarán los precios del gas, gasolina, combustóleo y energía eléctrica?" En algunos párrafos, como en la despedida, parece hablar por todos: "quedo, junto con muchos mexicanos, en espera de la respuesta"…

A Cuarón le preocupa que la reforma "produzca corrupción a gran escala". Y por momentos da la impresión que dobla la voz de López Obrador (algo frecuente en el cine). Le recuerda al Presidente que las transnacionales petroleras tienen tanto poder como muchos gobiernos. Teme que vayan a "atrapar" el proceso democrático… "por financiamientos ilícitos y presiones de los grandes intereses". Le preocupan las herramientas regulatorias para evitar prácticas de depredación. No quiere que se repitan las reformas "discrecionales y opacas de tiempos de Salinas de Gortari" (por nada y lo llama "el innombrable").

Para evitar un diálogo directo el Presidente le respondió por conducto de sus secretarios. Lo inundaron de datos a fin de marearlo. Pero no entendió el mensaje; insiste en ser el héroe de la película. Ahora pide tres debates a nivel nacional…

www.jorgecamil.com