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Cuatro por tres

En la situación que vive nuestro país existen las condiciones para que exista una oposición democrática fuerte que limite los excesos del poder y sea una alternativa progresista al gobierno de derecha. Las resistencias provenientes del status quo son conocidas.

Lo que falta por aclarar es: cuáles son los primeros pasos que permitan proteger el capital de la izquierda y posicionarla como la opción para 2018. No me refiero al programa ni a la organización, donde se necesita dar pasos adicionales, sino a las acciones que sean capaces de romper las inercias prevalecientes, las desconfianzas y los intereses pequeños e inmediatos que obstaculizan su crecimiento.

Hay tres acciones principales de las cuáles dependerá el éxito. Una es la realización de una consulta popular que permita recuperar la riqueza petrolera para la Nación. Otra es preservar su peso electoral en las próximas elecciones, empezando por conservar la mayoría en el Distrito Federal. Y tres, mantenerse alertas en la defensa de las libertades públicas y los derechos humanos. Si en estas tareas la izquierda y las fuerzas progresistas fracasan, la derecha terminará por consolidarse con un proyecto excluyente y autoritario.

Para la realización de la consulta popular se tendrán que superar diversos obstáculos, en tanto que hasta ahora existe la decisión firme del gobierno y sus aliados de que el referéndum no se lleve a cabo. Si el principal objetivo del gobierno era la reforma energética, intentará frenarla con todo. Por lo que, para lograr el ejercicio de este derecho constitucional, será necesario que un movimiento unitario, político, social y de comunicación imponga la consulta y se convengan garantías para evitar una desestabilización de la economía. Ya se tiene experiencia para una lucha así. El desafuero de AMLO fue derrotado porque se generó un movimiento amplio en defensa de sus derechos políticos. Ahora se necesitará un movimiento exitoso que defienda el derecho de todos los ciudadanos a la democracia participativa. En el camino podrán converger los partidos, las organizaciones sociales, personalidades y franjas muy amplias de la sociedad que no son de izquierda, pero defienden las libertades y la democracia.

Otro objetivo unificador debe ser evitar que, por las divisiones, se pierdan en 2015 los territorios donde se ha logrado consolidar una real presencia y se ganó en 2012. La clave está en la unidad, tanto para contribuir a prestigiar a sus gobiernos, como para sumar en la elección y evitar candidaturas que terminen por jugar en favor de la derecha. Las modalidades para lograrlo pueden variar, siempre y cuando haya un acuerdo sólido.

Si se está de acuerdo en esos tres objetivos —que son posibles y que repotenciarían a la izquierda en el ejercicio de una oposición efectiva— para colocarla en el carril de una victoria nacional en 2018; entonces por dónde empezar.

El primer paso es la unión de los principales líderes políticos respecto a estos objetivos. Hay cuatro líderes cuya decisión será determinante. AMLO, Cuauhtémoc Cárdenas, Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera. Por su historia, aceptación política o posición, los cuatro son las figuras nacionalmente mejor posicionadas y no sólo dentro de la izquierda.

Un acuerdo a fondo entre ellos lograría revertir el declive. Y ellos no son los únicos. Hay figuras con la mejor imagen pública, personalidades con gran respeto en la defensa de sus causas, otros con autoridad dentro del movimiento social. Hay artistas y científicos del mayor renombre, así como movimientos y organizaciones que, unidas y con causas comunes, harían la diferencia. La grandeza se reconocerá en la medida en que nos atrevamos —en lo concreto— a converger en torno a estos tres objetivos comunes: defensa de libertades públicas y los derechos humanos; consulta popular; eficacia política electoral para conservar el DF. Cuatro dirigentes unidos por tres causas. K