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Opinión

Cuentas frívolas

Por: Jorge Luis Lozano

Por si alguien dudaba de la calidad en la confección de la vestimenta y la construcción de carrozas reales que le cuestan cientos de miles de pesos al erario, ahí está lo sucedido durante el último desfile del carnaval: a mitad de recorrido, la carroza real de la reina Alexa Méndez sencillamente colapsó.

La estructura que representaba al faro de Mazatlán se ladeó con riesgo de caer sobre algunos de los asistentes. El contingente debió detener su marcha y desmontar la estructura. Así, las alegorías rodantes hicieron su recorrido prácticamente deshaciéndose en el camino.

El hecho generó una oleada de críticas a la organización de la fiesta que encabeza el director del Instituto de Cultura y Arte de Mazatlán, Raúl Rico González, y se sumó a la polémica y los cuestionamientos por la falta de calidad del vestido de la reina de los juegos florales encargado a una diseñadora extranjera y la falta de buen gusto en la elaboración de la corona de la reina del carnaval, quien “lució” senda cornamenta.

No es un tema tan frívolo si sacamos las cuentas de los recursos que se requieren para organizar la fiesta a la altura de lo que los mazatlecos están acostumbrados.

Al mismo tiempo, la situación fue aprovechada por algunos diseñadores y excolaboradores del Instituto de Cultura para denunciar la discriminación que ejerce la dirección hacia su colaboración.

Algunos de ellos son familiares del finado Rigoberto Lewis, quien por cincuenta años se encargó del diseño y la construcción de las carrozas reales. La creatividad de Lewis hizo escuela, pero a la mayoría de sus alumnos sencillamente se le ha cerrado las puertas del Instituto y se ha optado por la contratación de diseñadores foráneos que trabajan a distancia y engrosan los costos de la fiesta con pagos de traslados.

En esta nota:
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