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Cuentas mochas

LOS MOCHIS

Por más que quiera, el alcalde de Ahome, Arturo Duarte García, no llega en los mejores términos a los 100 días de su gobierno. En este periodo, que es más bien una fecha para lanzar el incienso del ego y lucir lo ajeno, Duarte García no tiene más logros que el exhibir la desmedida ambición de los panistas que se autoliquidaron en la administración pasada. Eso tiene sostenido con alfileres "su imagen", que venía lastimada por las condiciones en que ganó la elección y que amenazaba con quebrantarse porque su primer acto de autoridad no cayó bien entre los ahomenses: conformó su gabinete con amigos, compadres y por cuotas de poder. Si la integración de Rolando Luque Rojas, funcionario electoral estatal (suplente) como contralor municipal levantó la sospecha de una elección fraudulenta, el acabose fue la incorporación al gabinete de Carmina Martínez luego de ser la presidenta del Comité Municipal Electoral. Al pasar los días el déficit se ensancha porque incurre en lo mismo de siempre: cuotas y abuso de poder, demagogia, privilegios, simulación...

La insatisfacción de algunos sectores se ha desbordado: marchas, plantones, mítines, bloqueo de calles. En estos momentos, un grupo de comerciantes tiene un plantón en Palacio Municipal esperando respuesta a un pliego petitorio. A los problemas ofrecen soluciones al revés, como el del malecón de Topo, en donde lo querían cerrar de día para abrirlo en la noche para que las familias convivieran. Ni se diga el papel que jugó su gobierno en la elección para síndicos, en la que sus funcionarios apoyaron con todo a los candidatos oficiales del PRI, mientras en sus discursos negaban su intervención. Una prueba es la postura del contralor municipal Rolando Luque, quien amagó a algunos aspirantes a que si ganaban los iba a inhabilitar. La joya de la corona de los traspiés es el caso de Miguel Ángel Gutiérrez, director de Servicios Públicos, quien construyó sin permiso una barda sobre el trazo de la calle Leyva en el fraccionamiento Las Haciendas, y lo protegieron.

Así, no salen las cuentas alegres.