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Cuidado, ¡el tren!

Cada vez que viene a México, mi sobrino político, José Ramón López, quien coordina el Centro de Estudios Mexicanos en la Universidad de Oxford, Reino Unido, me deja entre alarmada, perpleja, pero sobre todo, rebasada acerca de temas sumamente complejos, como son los descubrimientos, innovaciones y cambios paradigmáticos, no nada más en América, sino en Grecia, China o Medio Oriente. Todo sabe, todo entiende y lo más llamativo de todo es que todo lo que pasa en el mundo le importa genuinamente. Como desafortunadamente no pude asistir la semana pasada a su conferencia magistral que dio en Acatlán en la Cátedra de Ricardo Lagos Escobar, al otro día le pedí que me explicara de qué había tratado. "Sobre los retos del cambio tecnológico", me contestó muy serio. "Explícate", le repuse igualmente formal. "Vivimos en una época de cambio tecnológico exponencial. Los retos de este cambio son, cada vez, más inminentes. Se nos vienen encima como un tren cargado que aumenta su velocidad constantemente. México y otros países en transición son los que tienen que aprovechar las ventajas, pero también son los que están más en peligro, por su vulnerabilidad. Tenemos que entender el problema y a encontrar soluciones. Podemos subirnos al tren o ser atropellados por él". Más adelante me explicó que México no generaba suficiente innovación de punta para competir a nivel global: "entre otras cosas, para minimizar sus efectos negativos sobre el desempleo y la baja en los salarios, a la vez que aprovechar sus ventajas casi mágicas". En seguida le pregunté qué habría que hacer entonces, en el caso de México, para que no nos alcanzara el tren y nos arrollara. "La respuesta está en la computación. El cambio es la computación. Las súper computadoras alcanzan hoy 34 mil millones de operaciones por segundo. Según especialistas, en 2018 habrán rebasado al cerebro humano y tendrán la capacidad de simularlo. Se les podrá llamar 'inteligencias artificiales'. Sin este poder de cómputo, el mundo moderno y futuro probablemente se colapsaría. Las computadoras están ahora en todas partes. Allí te va el ejemplo, el teléfono celular que utilizamos. Has de saber que tiene más poder que la más poderosa súper-computadora de hace 40 años". Es cierto que ahora todo, todo lo hace la computadora: paga impuestos, apartamos boletos para ir al concierto, viajamos por todo el mundo, nos comunicamos en un dos por tres con nuestros seres queridos y hasta diseña medicinas. "Así es. El cómputo actual está transformando todos los mercados del mundo. Los que tenemos computadora ya no podemos prescindir de ella. Es cada vez más importante para la creatividad, la educación, el arte. Por otro lado, también está creando cambios en nuestra vida diaria, por ejemplo, hay cada vez más vigilancia por todas partes y estamos cada vez más expuestos a perder nuestra privacidad".

Lo que también resulta evidente es que la computación ha obtenido una barbaridad de hallazgos y avances, tanto en la robótica, genética y qué decir de la medicina. José Ramón me explicó que, según muchos especialistas, estas tecnologías hasta podrían eliminar "la pobreza, el hambre y la enfermedad y maximizar el potencial de todos los seres humanos".

A partir de esa explicación mi cerebro comenzó a formular una serie de cuestionamientos: ¿quién tendrá acceso primero a estos beneficios y cuándo? ¿Si no alcanzan a todos qué va a pasar? ¿Qué proporción de la humanidad será excluida? Y, ¿cómo evitar que los privilegiados muy probablemente utilicen los avances para discriminar a los demás?

Mi sobrino se me quedó viendo sorprendido. Me quedaba claro que las respuestas las había dado en su conferencia: "Hay claras evidencias de que el desempleo tecnológico y el empeoramiento de la distribución del ingreso avanzan más rápido que las medidas correctivas. En los próximos 10 a 20 años, casi la mitad de los empleos van a ser sustituidos por la computarización y la robotización. Bill Gates ha insistido en que los problemas y la sociedad deben poner todo su esfuerzo en comprender, anticipar y corregir los efectos tecnológicos sobre el mercado del trabajo".

No me gustaba lo que iba entendiendo: las nuevas tecnologías favorecerían necesariamente a los ganadores, mientras que los demás, los perdedores, se volverían menos esenciales y hasta obsoletos, sobre todo los que tienen habilidades básicas. Se lo dije.

-Por eso es indispensable organizar a las mejores mentes mexicanas a todos los niveles para evitar los efectos negativos del cambio tecnológico y aprovechar sus múltiples oportunidades.

En otras palabras o nos ponemos las pilas los mexicanos, o nos lleva el tren...

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