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Opinión

No exageramos, el Tren Maya implica un ecocidio

DE VUELTA A LA NATURALEZA

Por Ernesto Zazueta Zazueta

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audima

“No se va a tirar ningún árbol, ni uno solo para construir el Tren Maya”, así lo aseguró el presidente la República en 2018. Cuatro años después, 20 mil árboles han sido talados en vano para construir el tramo 5, simple y sencillamente porque Obrador y su equipo decidieron que el Tren ya no va a pasar por ahí, porque es muy complejo ese terreno y, de edificarse ahí, su obra capricho no estaría lista para cuando el Señor la quiere.
En este tramo del Tren Maya que va de Cancún a Playa del Carmen, las obras provocaron la tala de 20 mil árboles y una inversión de 478 millones de pesos, los millones fueron tirados a la basura y los árboles simplemente ya no están, los desaparecieron en balde como si fueran objetos que no sirven absolutamente para nada.
Y bueno, recordemos que solo para el tramo 1, que fue entregado desde diciembre del 2020, se talaron 800 hectáreas en la selva que corre de Palenque, en Chiapas, a Izamal, Yucatán. Se perdieron alrededor de 11 mil árboles en esa zona.
Esto, además de ser un acto irresponsable, inconsciente, negligente y abusivo por parte del Gobierno federal, es un ecocidio. Un daño ambiental cuyo resultado es la destrucción total o parcial de un ecosistema. Un acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause afectaciones graves, extensas y duraderas al medio ambiente.
¿Y por qué podemos asegurar que es un ecocidio? Según el Inegi, en las últimas tres décadas, México ha perdido una tercera parte de la superficie vegetal entre bosques, matorrales, pastizales y selvas húmedas y secas. A nivel mundial, México ocupa el quinto lugar en deforestación, aunque algunas mediciones lo colocan en el tercer sitio, junto con Haití y El Salvador.
De acuerdo con el Instituto de Geografía de la UNAM, cada año perdemos, al menos, 500 mil hectáreas de bosques y selvas. Esto quiere decir que en el 90 por ciento del territorio mexicano podemos encontrar deforestación, las consecuencias son devastadoras y enormes, tanto a corto como a largo plazo.
Y es que, como todos sabemos, una de las principales funciones de los árboles es la absorción del dióxido de carbono. La FAO, en su reporte del 2018, informó que la deforestación ya es la segunda causa más importante del cambio climático, después de la quema de combustibles fósiles, pues representa el 20 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero.
Pero los árboles son para nuestro planeta mucho más que oxígeno. Se estima que mil 600 millones de personas. Es decir, el 25 por ciento de la población del mundo, depende directamente de los árboles para obtener alimentos y fuentes de energía. 
Y es muy importante tener claro que los árboles son un hogar para la vida silvestre. Se estima que el 34 por ciento de la fauna que habita en los bosques mexicanos es endémica y que gran parte de esas especies está condenada a desaparecer en pocos años si la deforestación continúa al ritmo actual.
En un inicio se dijo que la superficie total con vegetación de importancia forestal, que sería removida por el cambio de uso de suelo para la construcción del Tren Maya, sería de 606 hectáreas, donde existen 11 mil 94 ejemplares de flora, y muchísimas especies de fauna que son vitales para la sustentabilidad de los ecosistemas como el yaguarundí, el grisón, gecko yucateco, cocodrilo de pantano, varias variedades de iguanas, loro mejillas amarillas, la cigüeña americana, salamandra, el pez sardinita yucateca, el loro cabeza amarilla, el mono aullador, el ocelote, el tigrillo y el jaguar.
Hoy sabemos que la deforestación por el Tren Maya será mucho mayor a la anunciada, y más si siguen cometiendo errores y cambiando los trazos. Arrebatándole su hogar a personas, animales y plantas. Quitarle su hogar a humanos y desplazarlos es vil y miserable, pero arrebatarle el hogar a la fauna y la flora es un ecocidio y un autoexterminio.

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