Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

DH: regresión o evolución

El pasado 30 de abril fue publicado en el Diario Oficial el Programa Nacional de Derechos Humanos 2014- 2018 (PNDH).

Destaco algunas ideas del diagnóstico que ahí se presenta: "…el problema que identifica el presente diagnóstico y que atenderá este Programa es la persistencia de violaciones de derechos humanos pese a la existencia de una infraestructura institucional, de un marco normativo y de políticas públicas en la materia". El documento reconoce que la reforma constitucional de derechos humanos publicada en junio de 2011 "tiene una potencialidad transformadora" y el reto de su implementación es "pasar de la norma, a través de un proceso de toma de decisiones, a políticas públicas que tengan efectos concretos en la realidad de las personas". Asimismo, uno de los capítulos del diagnóstico se llama "Insuficiente generación y sistematización de información integral en materia de derechos humanos", apartado donde se admite que desde 2003 nuestro país incumple la recomendación de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en materia de "evaluación y seguimiento al cumplimiento de tales derechos". Y más: "Actualmente no existen sistemas de indicadores que logren medir el impacto general sobre el goce y ejercicio general de los derechos humanos". Por otra parte, también en abril recibimos la visita de Juan Méndez, Relator Especial de Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, visita que nos deja dos noticias; por un lado se ratifica la apertura oficial para rendir cuentas ante el sistema internacional de protección de los derechos humanos y por el otro nos enteramos que "Aún existe en México una situación generalizada del uso de la tortura y malos tratos como medio de investigación criminal, pero con mayor intensidad en los delitos relacionados con la delincuencia organizada".

El PNDH y el reporte preliminar del Relator arrojan dos conclusiones complementarias: el Ejecutivo Federal admite que en buena medida los derechos humanos permanecen en categoría aspiracional, mientras que las evidencias disponibles confirman que algunas de las más aberrantes expresiones en su contra están lejos de ser adecuadamente contenidas, cual es el caso de la tortura. ¿Qué sigue? Propongo comenzar por destacar que el presidente firmó en ese instrumento programático el compromiso de "instrumentar una política de Estado en Derechos Humanos", ambiciosa oferta que al parecer busca el alineamiento con el salto histórico expresado de manera paradigmática en la reforma constitucional de 2011. La mejor lectura del PNDH debe ubicarlo entonces de cara al corte histórico que fija el antes y el después de esa reforma. Sería un error caracterizar el diagnóstico y los compromisos programáticos en derechos humanos para esta administración federal sin tomar en cuenta que los grandes pendientes en la materia pasan ahora por una nueva interpretación histórica, política, jurídica y social, justamente a la luz de aquella conquista monumental del Constituyente Permanente. Vaya contraste; estamos ante una colisión sin parangón entre regresión y evolución civilizatoria. La contradicción muestra de un lado la expansión en años recientes de las más ominosas prácticas regresivas, como la tortura, y del otro la irrupción del más alto estándar normativo a favor de los derechos humanos, como el que fija el nuevo artículo 1º de la Constitución. Es tiempo de saldos. No poner el alto al fardo que se viene arrastrando consistente en la simulación ante las prácticas violatorias de los derechos humanos haría a todas luces irrealizable la política de Estado comprometida. Regresión o evolución.

[email protected]