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Daños colaterales

A menos que un imprevisto de mayor relevancia lo impida, hoy estará en Mazatlán el secretario de Turismo en el país, Enrique de la Madrid Cordero.
Estará acompañado del dirigente nacional de empresarios, Juan Pablo Castañón, y del líder nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, Gustavo Arballo Luján, en la Reunión Nacional de Infraestructura Turística.
Es un evento que pondrá a Mazatlán en la mira nacional del sector turístico y de la construcción, previo a la realización del Tianguis Turístico en el 2018.
Es una oportunidad esperada por el gobernador Quirino Ordaz Coppel para presumir la inversión hecha para la transformación urbanística de Mazatlán y la promoción de nuevas inversiones.
De la Madrid tiene la intensión también de inspeccionar los avances en los preparativos del último Tianguis que presidirá y que pretende catapultar a Mazatlán como ejemplo de los destinos recuperados.
Hallará así a Mazatlán en obra negra, pero con avances en la regeneración del malecón, la reinstalación del alumbrado artístico del centro histórico y la mejora de vialidades en el Paseo Olas Altas.
Un avance lento, pero sostenido que seguramente, de manera oficiosa, el secretario ponderará en su discurso machacoso de que, al cabo de los meses, Mazatlán será espectacular.
Lo que el secretario seguramente no verá, son los daños colaterales que está provocando el desorden con el que se realizan las obras: el cierre de negocios, la pérdida de empleos, el colapso de las rutas de transporte, las desesperantes fallas de servicios públicos y las pérdidas económicas que mantienen a los pequeños comerciantes al borde de la sobrevivencia. Daños que pudieron haberse previsto si el gobierno se preocupara, no solo por concretar sus planes, sino por hacerlos incluyentes para el resto de la población.
¿Valdrá la pena el sacrificio? Eso se verá en pleno año electoral.