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De El Chayo a El Americano

Hizo bien el gobierno del presidente Peña Nieto en no desbordarse en un autoelogio tras la ejecución de Nazario Morales, El Chayo; en tirarle la presa a los hambrientos depredadores del calderonismo y hacerse a un lado, pues las cosas en Michoacán no están como para organizar una romería.

Antes de que la bomba informativa de la genuina muerte del auténtico Chayo cumplieran 24 horas explotó otra noticia mayúscula: grupos de autodefensa que ya se habían enseñado los dientes, se apuntaron con ametralladoras en Buenavista Tomatlán. El pionero de los grupos, Hipólito Mora, tuvo que subirse a un helicóptero de las fuerzas federales en virtual huida y aterrizar en la Ciudad de México.

Hipólito nos dijo ayer por la mañana antes de regresar a Buenavista que no se sometería nunca al líder del otro grupo de autodefensas, Antonio El Americano Torres, a quien acusa de ser parte de las bandas criminales.

El comisionado Alfredo Castillo no logró sentar a Hipólito con El Americano. Y no parece fácil que lo consiga.

El primer choque abierto entre las autodefensas recuerda que ningún problema de fondo en Michoacán está resuelto. Y que si la crisis no se ha desbordado es, sí y solo sí, por el despliegue de fuerzas y funcionarios federales: el mayor desde el alzamiento en Chiapas en 1994.

Por eso hace bien el gobierno del presidente Peña Nieto en no ensañarse con los errores del pasado. Porque entre El Chayo y El Americano pueden no haber más de 24 horas de distancia.

Y porque nadie en Los Pinos o Bucareli debe imaginar cercanos días venturosos en Michoacán. Con o sin Chayo.

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