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Opinión

De animales nocturnos

Por: Agustí­n Galván

Escrita y dirigida por Bertrand Bonello (1968, Niza), Nocturama (2016, Francia, Alemania y Bélgica) sigue a un grupo de jóvenes que, sin razón aparente, deciden iniciar una serie de atentados terroristas en la ciudad de París.
Titulada originalmente París era una fiesta, como el libro de memorias del escritor norteamericano Ernest Hemingway publicado en 1964; la película tuvo que buscar otro título durante su post-producción luego de que el gobierno francés adoptara el del libro como parte de una campaña para levantar el ánimo de la población parisina tras los atentados terroristas ocurridos en noviembre del 2015. Fue entonces que Bonello decidió usar el título del doceavo álbum de Nick Cave & The Bad Seeds, Nocturama, que se refiere a una sección de los zoológicos en los que se presenta de forma artificial un ambiente nocturno, óptimo para que los visitantes puedan ver a un grupo de animales de hábitos nocturnos “en su habitad”.
El cambio de nombre no pudo ser mejor: durante sus primeros 50 y tantos minutos de metraje, Nocturama nos va presentando, uno a uno, al grupo de jóvenes en unas silentes y tensas viñetas en las que los vemos siempre pendientes de algún reloj, saliendo de departamentos enfundados en sus mejores ropas y llegando a diferentes puntos de la ciudad tanto solos o en grupos gracias al metro. Algunos cargan mochilas y bolsos, otros solo portan sus teléfonos inteligentes mientras recogen cajas de cartón o suben a autos estacionados en puntos claves de la capital gala. Una de ellos incluso rentan el cuarto de un hotel. Luego, simplemente esperan. Y mientras transcurre esa espera, Bonello lanza algunos “flash-backs” para que conozcamos un poco más a esos jóvenes: qué relaciones tienen cada uno de ellos, qué lugares frecuentan y hasta cómo se van organizando para los atentados. Solo una cosa queda fuera de esos “recuerdos” ¿Por qué lo hacen? Y, mientras transcurre la siguiente hora, poco a poco nos va quedando claro que responder eso es lo que menos debería importarnos.
Encerrados en una tienda departamental luego de que las bombas hacen explosión y las pistolas han sido descargadas en las humanidades de sus víctimas, la mayoría de los jóvenes que han podido salir adelante con sus planes se reúnen para pasar la noche en una tienda departamental mientras París arde por sus acciones.
De diferente clase social y raza, cada uno de esos jóvenes solo deja claro que sus preocupaciones se remiten a un aquí y un ahora: mientras encienden las televisiones de la tienda departamental para enterarse qué pasa allá afuera, acaban discutiendo sobre el sonido de ese equipo de audio en el que atruena una canción pop, y cuando uno de ellos sale a explorar los alrededores, se encuentra con una joven en una bicicleta a la que le pregunta la hora y qué está pasando. La joven, tras compartirle los rumores que circulan, le dice: “Esto tenía que pasar ¿no?” Y la verdad es que no, eso no tenía pasar. Para Bonello, Nocturama es una muestra extrema de cómo una generación se resiste a ser asimilada y acaba fracasando en su intento. Tan repulsiva como atrayente, la película también nos invita a preguntar: si esta es solo la parte dedicada a los “animales nocturnos” ¿Cómo será el resto del zoológico?