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Opinión

De cuidar lo íntimo y privado

LECTURAS 

Por Rigoberto Ocampo Alcántar

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En enero del año pasado, aquí en Lecturas, EL DEBATE (15/Ene/2020), se analizó el tema de dos de los tres tipos de información que produce la acción social de un individuo. El tercero es lo público. En este año que inicia es importante retomar este análisis frente a más de ocho meses de pandemia. Lo íntimo y lo privado debe seguir preservándose. Ya pronto la vacuna nos regresará plenamente a lo público. Va este análisis en tiempos de pandemia, porque hay que seguir cuidándose y cuidando a los seres queridos, y sobre todo, a los infantes que están bajo el cuidado de un adulto. 

En medio de una vertiginosa comunicación, los otros se meten hasta la cocina de cada uno. Claro, porque lo permite cada uno. El conservar privado el número de teléfono y sus cuentas de redes sociales es un inmejorable candado del respeto que debe guardar cada uno a su intimidad. La seguridad empieza por uno mismo. Esta lección desafortunadamente la dan los años. En un país desarrollado los asaltos a lo íntimo son menos frecuentes, porque la cultura política de los ciudadanos tiene una orientación evaluativa. Es decir, no es cognitiva ni afectiva (Almond y Verba). No es creencia o sentimiento. La acción social pasa, en un país con una cultura política participativa con orientación evaluativa, por un análisis racional de la acción y reacción. Por ejemplo: No es creencia que vas a tener a alguien para siempre y nunca se irá. No es un sentimiento de que desde el más allá te van a destinar a estar siempre con ese otro y nunca te va a dejar. Es una evaluación racional de lo que ese otro puede aportar a una acción en conjunto. No más, ni menos. Pero ahí sí vale el adverbio, nunca puedes esperar, y por tanto demandar, siempre. 

Del momento e invasión 

En la deconstrucción de la intimidad por herramientas tan poderosas como los teléfonos con internet, pantalla y cámara hacen que el aquí y ahora sea compartido en el instante. Y cómo dijo la poeta Violeta Parra: “todo lo cambia el momento, cual mago condescendiente” (Volver a los diecisiete). Entonces, ese momento va a cambiar lo que sigue. Como si el otro estuviera al lado de uno. De ahí lo delicado y peligroso que puede ser la comunicación instantánea en una sociedad en dónde no hay cultura política participativa con una orientación evaluativa, pues vuelve a los individuos en fáciles presas de su orientación cognitiva o afectiva, en su cultura parroquial o de súbdito. Hay creencias o afectos. 

De cuidar lo íntimo y privado

En este sentido, es muy importante para preservar la seguridad de uno y la de su hogar, tener controlada la intimidad y los accesos a la privacidad. Mucho más, cómo lo define Durkheim, al núcleo sagrado, la familia. Aunque siempre, desafortunadamente, volviendo a Violeta Parra, ese mago condescendiente, “nos aleja dulcemente de rencores y violencias, sólo el amor con su ciencia, nos vuelve tan inocentes”. Y pues ella, vivió en carne propia como su inocencia la llevó al suicidio, como expone en su última carta antes de suicidarse: “…yo no me suicido por amor. Lo hago por el orgullo que rebalsa a los mediocres…Quise dar, no encontré quien recibiera”. Y ahí está pues lo grave que es exponer el aquí y ahora. Si ella, una gran poeta, no pudo con el aquí y ahora, eso espetado a la cara de niños, de jóvenes y adultos puede provocar graves consecuencias. Hay que cuidar a los seres queridos y amados, preservando y cuidando la seguridad de su intimidad y privacidad, sobre todo la de aquello menores, ahí sí, hasta que sean mayores de edad. 

Párrafos: De propósito de año nuevo

El privilegio de haber estudiado la educación superior, hasta un Doctorado, en la educación pública hace a uno acreedor social. La forma de pagar el principal y los intereses ha sido buscar por todos los medios disponibles invitar a leer a familiares, alumnos, amigos, conocidos, seres queridos, compañeros de trabajo, en fin, a cada persona que se puede. Así que cada año empieza y debe terminar con esta invitación: hay que leer. “Sigue siendo la única forma de llegar a donde se propone cada uno: leyendo. El único camino viable es leer muchos libros. Dejar de lado el celular, la tablet o computadora y agarrar un libro. Pasar una a una las hojas y dejar que las letras formen palabras, y las palabras imágenes, historias, deseos y referencias. Así, quizá, sólo quizá, vayamos cambiando nuestra ciudad, estado y país. Uno a uno, libro a libro. Y, cada uno, invitando a los otros a leer, demandándoles que hablen bien, que utilicen el español de manera correcta. Así, podremos desearnos, cada día, un mejor día, un mejor mes, y, solo, llegará un mejor año” (Lecturas, EL DEBATE, 01/Ene/2017). 

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