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De decisiones y consecuencias

PISTA DE DESPEGUE

Hay una conversación justo al inicio de Capitán Phillips (2013, Estados Unidos) de Paul Greengrass (1955, Surrey), en el que el titular, interpretado por Tom Hanks, habla con su esposa Andrea (Catherine Keener) sobre las diferencias que hay entre el ayer y el hoy.

Ayer, dice Richard Phillips mientras va conduciendo su auto por la autopista rumbo al aeropuerto y a su destino, si te esforzabas podías llegar a capitán en unos años; hoy, con los requisitos que piden, todo es diferente.

Es en ese aparentemente inocuo soliloquio (la esposa apenas y lanza unos monosílabos), donde late el corazón de la cinta, lo que hace al hombre no es ni la preparación ni el esfuerzo o las ganas que se le pongan a la empresa que se emprenda, son las decisiones que se toman y, claro, las consecuencias.

Y es de esas decisiones y de esas consecuencias de donde surgirán, para bien o para mal, las historias que nos contamos y que nos definen.

Quizá lo recuerden, esta historia ocurrió en 2009. Mientras navegaba literalmente por el cuerno de África, un barco comercial norteamericano fue abordado por cuatro piratas somalíes. La inexperiencia de los piratas, otrora pescadores azuzados por un violento maleante local, más la férrea determinación de la tripulación lograron la salida de los cuatro maleantes a las pocas horas en un bote salvavidas con el contenido de la caja de seguridad. La historia, hasta ese punto, debió ser una mera anécdota de no ser porque los piratas decidieron llevarse al capitán Richard Phillips con ellos, esperando un millonario rescate. Y la tripulación, que en un principio no comulgó con su estricta supervisión, decidió no esperar a que las autoridades se ocuparán del asunto y decidieron seguir al pequeño bote con tan monstruosa embarcación, trayendo la mirada internacional y obligando al gobierno norteamericano a actuar. A partir de esos hechos, Greengrass recrea un relato en el que se ven las dos caras de la moneda: los norteamericanos, extranjeros de esas tierras, son meros peones que sí, se aprovechan de los recursos, pero sólo cumplen órdenes; mientras que los piratas, nativos y explotados mediante el miedo y la violencia, también son peones enviados a aprovecharse de esos nuevos recursos que son las embarcaciones comerciales.

Lo malo es que en ese juego de ajedrez, ni los reyes ni las reinas están presentes.

Capitán Phillips fue la primera cinta que vi este 2014 y no me extrañó que me conmoviera a pesar de la presencia de Hanks, para nada un santo de mi devoción. Este es un juego de Greengrass, amo y señor del tablero y de los recursos, que regresa y reformula la dinámica que tan bien ha manejado con anterioridad, sea con Domingo Sangriento o Vuelo 93: sin importar el bando del conflicto, estamos ante seres humanos que, sirviendo a intereses que los sobrepasan, deben encontrar su lugar y sobrevivir sin dejar de ser lo que son. Por ello, la desesperación del Phillips de Hanks nos cala tanto. Sabemos y entendemos que lo suyo no es sólo miedo de encontrarse en esa situación. Es la certidumbre del final que todo eso tendrá y la impotencia de no poder hacer nada al respecto que no sea ser un mero espectador. Cállate irlandés, hablas mucho, le dice Muse (Barkhad Abdi), líder de los cuatro piratas somalíes y responsable del secuestro, a lo que Phillips le responde: El problema no es que yo hable mucho, es que ustedes no me escuchan.

De haber visto esta cinta en 2013, seguro y estaría entre mis favoritas. Quizá esté en la de 2014. El año apenas inicia. Por cierto, feliz año a todos.

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