Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

0 0

De desesperación

LECTURAS

Una amable lectora, en sus primeros cuarenta, guapa, sin acumulación de grasa en el vientre, inteligente, licenciada, desempleada, madre soltera con una hija y encargada de su manutención y educación, solicita que se trate en este espacio sobre el rechazo sistemático que le dan en su búsqueda de empleo. En primer lugar, se le hizo ver como a diferencia de su propia madre, que tuvo cinco hijos y todo ellos han trabajado en algún momento, y es jubilada, ella deberá de enfrentarse, en 15 años a sólo tener una hija trabajando. Es decir, pagaran impuestos, en el mejor de los casos, ella y su hija. Mientras que en el caso de su madre, cuando ella ya no trabaja, pagan impuestos cinco personas.

Entonces, en primer lugar, antes de abordar la dificultad de emplearse actualmente, esta amable lectora, ya deberá ver que en el futuro la posibilidad de obtener una pensión se ve complicada. En segundo lugar, la esperanza de vida y la población, en México, han subido exponencialmente: Cada año somos más y vivimos más.

En 1960 había 39 millones de mexicanos y vivían, en promedio, hasta los 57 años. Diez años después, la población era de 53 millones y vivía hasta los 66 años: un aumento demográfico de 37% y un crecimiento en la expectativa de vida de 16%. Veinte años después, en 1980, estos datos suben a 70 millones y 66.5 años. En 1990 las cifras son de 86 millones y 70.8 años, ya el aumento porcentual es de 132.5% en población y 24% en esperanza de vida. Se dobla la población y vive una cuarta parte más de tiempo. Para 2000 las cifras son: 104 millones y 74.2 años. En 2010 se llega a los 118 millones y 77 años. Lo cual arroja que en 50 años los mexicanos crecimos 205%, más que doblar la población y vivimos 35% más años. Además, teníamos casi 7 hijos y ahora apenas 2.

DE LOS OTROS 20 AÑOS

La situación demográfica que exponen estas cifras es que cada vez hemos sido más y vivimos más años. Mientras que la economía no crece a ese ritmo, incluyendo el empleo y la riqueza del país, al menos la distribución de la que hay. Entonces, cada año hay más jóvenes buscando el mismo empleo que los menos jóvenes, y esos menos jóvenes siguen vivos más año. En 1960 una persona a los 57 años estaba a días de morir, mientras que en 2010 aún le quedan 20 años por vivir. La primera interrogante es: ¿Quién lo va a mantener esos 20 años? Suponiendo que empezó a trabajar a los 20 tiene ya trabajando 37, entonces, ¿habrá logrado atesorar el suficiente dinero para no trabajar otros 20 años? O bien, ¿podrá competir con los jóvenes de 25 que empiezan a buscar empleo, quizá con más años de estudio?

El tema es más grave si se va un poco antes en el tiempo: Los que tenían 30 años en 1980, en 2010 deberían de seguir vivos, pues la esperanza de vida es de 77 años. Esto lo sitúo en 2010 con una edad de 50 años y 17 aún por vivir. Hoy, ya pasaron 4 más, todavía le quedan 13: ¿logró atesorar suficiente dinero para esos 13 años, o deberá conseguir empleo para cubrir sus necesidades para la más de una década que le resta? A esto hay que adicionar la población femenina que no ha tenido un empleo remunerado en el sector formal: amas de casa, empleadas domésticas sin prestaciones, empleos informales como vender comida, ropa, accesorios, etcétera.

En fin, esto es descripción y clasificación, estadística de la población en México y la realidad al enfrentar la búsqueda de empleo. Queda pendiente, a la luz de esta situación demográfica, lo que ocurre con la atención médica, las pensiones, la alimentación, la vivienda, el vestido, en fin, con todo lo que implica la acción social, incluida la representación política. Y, sobre todo, el qué hacer.

PÁRRAFOS: DE LA PREGUNTA

La pregunta del fin nunca puede plantearse: Este llega. No se anda por ahí diciendo, "ya no aguanto", "me voy a colgar", "no tengo trabajo", "nadie me da trabajo", "ya no tengo para comer". No, se acaba y ya. Entonces, al enfrentar ese dilema, para muchos está la trascendencia: El movimiento frenético de los labios que rezan, los rituales que envuelven santos católicos, correas del ritual judío entre los brazos (los tefilin), el arrodillamiento musulmán hacia La Meca al atardecer, en fin, cada uno busca la comunión con el más allá que les perpetúe el aquí y ahora. Igual la incesante búsqueda del dinero como una forma de promesa, del equivalente general (Marx) de todos los placeres. La búsqueda del dinero deja de lado incluso el intercambio por el bienestar, llega el momento en que ya ni la promesa del bienestar es necesaria en el frenesí de la acumulación. Dijo un corredor de bolsa: "Cuidado, en este negocio la ambición puede ganarle al miedo". Pero lo que no cabe, es la pregunta por el fin. No se ve el sol de frente porque enceguece.

[email protected]