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De embarazo

LECTURAS

Cuando una mujer y un hombre deciden tener relaciones sexuales, inmediatamente llega una posibilidad binaria: se produce un embarazo o no. Puede no haber si se usa un preservativo, métodos anticonceptivos, o bien, hay una disfuncionalidad en el aparato reproductor de una de las partes, natural o artificial. Esto último puede haber vasectomía por parte del hombre, infertilidad de la mujer, o, simplemente que ella se amarró las trompas. Si hay una frecuencia mantenida en las relaciones sexuales, el conocimiento entre las dos personas aumenta, de igual manera que puede aumentar el porcentaje hacia una de las dos alternativas. El caso es que en cada relación sexual, entre un hombre y una mujer, el resultado es que haya o no embarazo, esa es la realidad.

Una vez que el resultado es una mujer en estado de gravidez, queda definir lo qué pasará con ese producto. Hay de nuevo una posibilidad binaria: se da a luz un infante o se decida abortar. Si es la última opción, entonces todo regresa al principio: el hombre y la mujer volverán a tener relaciones sexuales sin una carga adicional a ellos mismos. Si el embarazo continúa, entonces, de nuevo, hay dos alternativas: el producto será atendido por la madre, o, por el hombre y la mujer. Hay ocasiones que la madre puede ignorar, durante el embarazo, con quien procreó, al nacimiento y desarrollo del infante, lo más probable es que la madre logre identificar, a partir de los rasgos, quien fue el padre. Si la decisión después de la relación sexual es entre el varón y la mujer hacerse cargo de la atención y cuidado al producto del embarazo, entonces se da paso, de alguna manera, a un núcleo familiar.

En este punto se desarrolla toda la estructura del derecho civil para la construcción de la familia. Desde el matrimonio, el concubinato, el reconocimiento legal de los hijos, incluso si no existe una convivencia entre la pareja. El caso es que hay ante la sociedad y las leyes dos personas responsables del infante producto de la relación sexual. El arreglo al que llegaran las dos personas puede ser convenido ante un juez, o bien, sólo a la voluntad de las partes.

Un caso particular es cuando, producto de una relación sexual, se da un embarazo y la madre decide no dar al padre el reconocimiento legal del infante. Entonces, sólo le queda al infante, legalmente, el cuidado y la atención de la madre. A menos que el padre quiera, unilateralmente, dar apoyo al infante, aun a pesar de no tener obligación legal, ni reconocimiento social de su paternidad.

DE AMOR FILIAL

Una vez que el infante nace, los padres deberán hacerse responsables del producto. La madre que niega el reconocimiento legal al padre actúa de manera además de irresponsable, ilegalmente. Hasta aquí todo lo expuesto se reduce al reconocimiento y la obligación legal de participar en la atención y cuidado del infante procreado. Luego, está el aspecto afectivo. Un niño necesita amor de sus padres. La figura materna y la paterna son indispensables para su formación. La ausencia de cualquiera de ellas puede ocasionar un déficit emocional en el desarrollo de sus habilidades sentimentales, sociales y de relacionarse con los otros. El amor que le dispensen sus padres será un apoyo para enfrentar el exterior, además del estrés producto de la supervivencia en la economía y la sociedad.

El amor filial es un sentimiento unilateral. Los padres son quienes lo deciden. Un niño va a sentir amor por aquel que lo cuida y protege durante su infancia. Es un sentimiento que viene del instinto de supervivencia: Amo al que me ayuda a sobrevivir. Los padres al amar al infante, le internalizan que ese amor es sobrevivencia. Si eso no ocurre, entonces ellos serán, a su vez, sujetos que no amaran a sus hijos ni pueden amar a otros. Esto se profundizará la próxima semana.

PÁRRAFOS: DE OBLIGACIÓN

Entre el tiempo en que un infante adquiere la capacidad de reproducción sexual y llega a los 18 años, es responsabilidad de los padres exponerles que en cada relación sexual se da la posibilidad de quedar embarazados. Antes de los 18 años, cuando la ley contempla como el límite para convertirse en ciudadano y responsable ante las autoridades y la sociedad de sus actos, los adolescentes pueden tener relaciones sexuales y por lo tanto llegar a un embarazo. Esto no necesariamente significa estén preparados para hacerse responsables de la atención y cuidado del infante que se procreará. De ahí, se hace indispensable que cada persona con el cuidado legal y/o social de un menor de edad con capacidad de reproducción, debe de aplicarse a enseñarle la posibilidad de embarazo que conlleva cada relación sexual. En la falta de este cuidado se está llenando la sociedad mexicana de personas que no tienen la madurez económica, social ni cultural para mantener, cuidar y amar a infantes. El resultado es una sociedad en donde campea, cada vez más, la frustración y el desencanto. Independientemente de las condiciones económicas, de por sí difíciles.

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